A todos nos sorprendes situaciones ridículas, en las que la burocracia o los procedimientos toman estúpidamente más importancia que la actividad o el objeto en sí.
Nos resulta inconcebible que no tener la firma correcta en una autorización, anule una escucha como prueba pericial en un juicio, en la que alguien se declare culpable de los más terribles asesinatos.
Es irracional que se ponga un límite genérico de velocidad a las carreteras, siguiendo unos criterios de hace 40 años, y para vías totalmente diferentes unas de otras, simplemente para ahorrarse el trabajo de analizar las condiciones una por una.
Quien no ha tenido una conversación con su madre en la que ella argumentaba de alguna manera que las cosas de tu habitación o las del salón deben estar colocadas de la manera en que sea más fácil para ella limpiar, no de la manera que sean más útiles para usarlas. Como colocar el mando de la tv siempre encima de ella en lugar de la mesa al lado del sofá, o apilar tus apuntes, papeles, revistas, etc... en una esquina de la mesa, en lugar de poder saber dónde está cada uno.
Son miles los ejemplos que se me ocurren. En el mundo laboral, profesional o de las administraciones podemos encontrar los grandes colmos de estas situaciones. Procedimientos de autorización para realizar una tarea que llevan más tiempo y esfuerzo que la tarea en sí, o normas de seguridad aplicables de una manera tan ilógica que hacen imposible la ejecución de la actividad que pretenden asegurar.
Estoy convencido que todo esto esconde gente que no entiende el objeto de su trabajo, quizás con aspiraciones policiacas, y que no dedica más de 15 segundos en pensar alternativas que supongan un mayor esfuerzo por su parte, a pesar del beneficio que a los demás y a la razón de su existencia que se podrían obtener. Vagancia, pereza, incapacidad, autoritarismo, soberbia... quién sabe. Cada caso será diferente. ¿O no?
Nos resulta inconcebible que no tener la firma correcta en una autorización, anule una escucha como prueba pericial en un juicio, en la que alguien se declare culpable de los más terribles asesinatos.
Es irracional que se ponga un límite genérico de velocidad a las carreteras, siguiendo unos criterios de hace 40 años, y para vías totalmente diferentes unas de otras, simplemente para ahorrarse el trabajo de analizar las condiciones una por una.
Quien no ha tenido una conversación con su madre en la que ella argumentaba de alguna manera que las cosas de tu habitación o las del salón deben estar colocadas de la manera en que sea más fácil para ella limpiar, no de la manera que sean más útiles para usarlas. Como colocar el mando de la tv siempre encima de ella en lugar de la mesa al lado del sofá, o apilar tus apuntes, papeles, revistas, etc... en una esquina de la mesa, en lugar de poder saber dónde está cada uno.
Son miles los ejemplos que se me ocurren. En el mundo laboral, profesional o de las administraciones podemos encontrar los grandes colmos de estas situaciones. Procedimientos de autorización para realizar una tarea que llevan más tiempo y esfuerzo que la tarea en sí, o normas de seguridad aplicables de una manera tan ilógica que hacen imposible la ejecución de la actividad que pretenden asegurar.
Estoy convencido que todo esto esconde gente que no entiende el objeto de su trabajo, quizás con aspiraciones policiacas, y que no dedica más de 15 segundos en pensar alternativas que supongan un mayor esfuerzo por su parte, a pesar del beneficio que a los demás y a la razón de su existencia que se podrían obtener. Vagancia, pereza, incapacidad, autoritarismo, soberbia... quién sabe. Cada caso será diferente. ¿O no?


