Carlos Carome
Muere Amy Winehouse, víctima de sí misma, y vuelvo a oír los mismos comentarios egocéntricos en el populacho editorial: "Nos deja sin su voz...", "Nos quedamos huérfanos...", "Perdemos a ..." ¿Cómo que os deja? ¿Cómo que perdéis? ¿Qué cojones pintáis todos vosotros en todo esto?

¡Demasiado agradecidos deberíais estar de haber tenido la suerte de que ella quisiese compartir su talento con todo el mundo! ¿Desde cuándo sufre más el que se queda que el que se va? ¿Por qué siempre pensamos en nosotros mismos incluso cuando alguien sufre una desgracia?

También están los criticones, los que la acusaban de ser mal ejemplo para sus hijos. Menudos hijos estás criando si no son capaces de diferenciar a alguien destacable por su talento de alguien a seguir como ejemplo. ¡Dedicaros a enseñar a vuestros hijos a apreciar las virtudes de la gente, y seleccionar lo mejor de cada persona para crear un referente válido, en lugar de buscar en qué no hace bien cada persona que conozcáis, incluso si nunca os la vais a encontrar en vuestra triste vida!

¡Desde cuándo un deportista o un músico deben ser un ejemplo a seguir! Ya es hora de que dejemos de criar al pueblo estúpido e influenciable por cada persona que destaca. Más aún, dejemos de educar a la gente para que copie a los demás, y enseñemosles a hacerse su propia vida, sus propios objetivos y a tener ideas propias.

Cread personas, no réplicas absurdas de vosotros mismos. Y dejad morir a Amy en paz, estúpidos. Preocuparos de esos otros "artistas" ídolos vuestros que con su conducta van matando gente por las carreteras.

PD: Y ahora sacad todo el puto dinero que podáis de su vida y de su muerte, hipócritas.


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Carlos Carome
Aquella ciudad estaba totalmente controlada por su alcalde. Manejaba todos sus accesos, y cuando un visitante o forastero quería recorrerla, debía avisar con antelación, y su estancia era planificada y guiada por personal que trabajaba exclusivamente para su gobierno.

Todo el mundo salía encantado de esas visitas. Veía exactamente su ciudad ideal. Aunque cada uno la suya.

Los encargados de controlar los itinerarios analizaban al detalle el perfil del forastero. Sus gustos, sus creencias, su ideología... y diseñaban un grupo en el que introducirle, mitad visitantes reales, mitad actores, y el trayecto que todos ellos debían seguir.

La ciudad disponía de todas las variedades posibles de edificios, instalaciones, parques, barrios... y en función de los miembros de cada grupo, eran conducidos por un camino u otro para que lograsen ver todo aquello que les impresionaría, y evitasen las alternativas que se estimaba no les harían gracia.

Si la persona era amante de la naturaleza, la tranquilidad y el descanso, se hartaba de ver parques, ríos y amplias explanadas pobladas de flores. Si, en cambio, le fascinaban las urbes modernas con grandes edificios y museos de diseño arriesgado, su viaje se convertía en una demostración de arquitectura de vanguardia y lujo.

De esta manera lograron su objetivo, incrementar el número de visitantes, las referencias en las guías de viajes y su selección como ciudad olímpica.

Pero el control férreo que establecían sobre su imagen al exterior se volvió impracticable cuando el volumen de visitantes se disparó. Comenzaron a escaparse de los hoteles para buscar rutas alternativas, y descubrieron fachadas de cartón piedra, árboles de plástico y muñecos que simulaban familias felices.

La ciudad se desmoronó en cuestión de semanas y su gobernantes cayeron en la más absoluta miseria y desprecio.

Tardó mucho en regenerarse como hogar para sus habitantes, pero con esfuerzo y tesón cambió su odiado anterior nombre,"Imagen", por otro mucho más terrenal, "Realidad".
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Carlos Carome
Hoy he recibido dos inyecciones de esperanza. Esperanza de que las cosas no son como deberían ser, pero hay gente que sigue creyendo en cambiar las cosas, o en encontrar y vivir con las personas que piensan igual.

La primera ha sido esta mañana, y ha sido en el entorno profesional. Dos personas me han demostrado que conservan lo que se necesita para trabajar a gusto: motivación, ilusión, imaginación, creatividad, confianza en el cambio, ganas de avanzar, entusiasmo en el mañana... Me ha alegrado ver que no han sido abducidos por los tristes y los tremendistas, los pesimistas y alarmistas, los jefes de la secta que invocan el suicidio colectivo ni los vegetales que se conforman con tener trabajo mañana. Juntos podremos hacer grandes cosas.

La segunda ha sido esta tarde. Una antigua (que no vieja) amiga me ha recordado, contándome sus experiencias en poco más de media hora que teníamos de tiempo, que cree en otra forma de vivir la vida. Otra forma de establecer relaciones en el trabajo, en la vida personal. alguien que cree en el valor de la comunicación, de la confianza, de la cercanía, de la honestidad, de la sinceridad, de la integridad personal... alguien con valores, que los mantiene a pesar de la vorágine que nos rodea y de las ganas de enemistad que demuestran muchos en nuestro entorno diario.

No había perdido la esperanza, por supuesto, aún me queda mucha cuerda. Pero me alegra que, espontáneamente, alguien saque a la luz la defensa de todo eso que yo echo de menos en la mayoría, la mayoría del tiempo.

Hoy todo está un poco más cerca.


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Carlos Carome
Llega el verano y tu estilo de vida sufre un cambio. Duermes aproximadamente 20 horas al día, profundamente, y cuando sales, si hace mucho calor, vuelves rendido a casa.

Seguro que no lo sabes, pero los humanos usamos mucho la expresión "llevar una vida de perros" como sinónimo de estar puteado todo el día. Un día me pondré a investigar quién y cuándo creo semejante expresión, y cómo vivían los perros en aquella época, porque cualquier parecido con la realidad en nuestros días es pura coincidencia.

El resto, los bípedos, vivimos soñando con que llegue un día, ése en el que cambiamos con mucho gusto nuestra rutina y nos adaptamos a nuevos horarios, compañías, comidas y lugares, cuanto más diferentes a los actuales mejor.

Estoy seguro de que si a ti te preguntásemos, no te apetece nada meterte en el asiento de atrás del coche durante varias horas para escapar de aquí, pero creo que te lo pasarás muy cuando vuelvas a ver el mar.

Recuerdo que tu primera experiencia en frente del gran salado, con curiosidad al principio y huida minutos después por el estruendo de las olas. Esta vez estará más difícil que puedas echarte nuevo amigos correteando por la orilla, porque verás que está bastante más petado de gente.

En cualquier caso, mientras estás aquí tumbado a mis pies sin más preocupaciones que cuándo volveremos a salir al parque hoy, yo intento ver cómo rematar todo lo que debo en mi último día de asistencia a mi celda diaria.

Será intenso, y mientras tú, durmiendo.


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Carlos Carome
- Oye ¿dónde estás?
- Aquí
- ¡No te veo!
- Estoy aquí a tu lado, mira bien
- Ahora sí, me he despertado y no te veía
- Siempre estoy aquí
- Ya, pero a veces no te veo
- Llámame y apareceré
- ¿Siempre?
- Siempre
- Vale
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Carlos Carome
Lo repetiré tantas veces como sea necesario. Hay gente que no aprende. Y nadie cambia.

La confusión radica en saber diferenciar lo que es importante, lo que define a una persona, de lo que no es más que superficial. Una persona, por interés, puede modificar su conducta en público o cuando está con alguien, puede dejar de hacer las cosas de una determinada manera y seguir una norma, un método.

Pero detrás de todo eso está la razón de por qué lo hace. Alguien que no cree en algo, que no lo considera prioritario, por mucho que demuestre que puede acostumbrarse a hacerlo, no ha cambiado, simplemente ha cedido en un detalle porque le merece la pena el beneficio.

De la misma manera, la forma de hacer las cosas viene determinada por la actitud, la motivación para mejorar y la preocupación por hacerlo. Existe gente que está abierta a críticas, que le gusta que le den consejos para mañana ser mejor que ayer, pero muchos otros usan la técnica de por aquí me entre por aquí me sale.

Si tu trabajo, tu vida personal, o simplemente tu convivencia depende de ellos, aléjate. Adelántales sin volver la mirada y acelera todo lo que puedas. Nunca disfrutarán como tú de la conducción, porque ellos son de ir en autobús, toda la vida.


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Carlos Carome
Hoy por segundo día consecutivo he visto a un hombre, no el mismo que ayer, andando por los trozos de tierra que hay en la intersección entre la M-40 y la A-2.

Esos lugares, normalmente con hierba y árboles no llevan a ningún lado. Están rodeados por guardarrailes y para salir de ellos en cualquier dirección debes cruzar al menos cuatro carriles de autopista.

¿Dónde van? ¿De dónde vienen? ¿Cómo han llegado hasta allí? ¿Dónde creen que están?

Me recuerdan a otras dos situaciones que veo alrededor de las autopistas a menudo. La primera son los adictos que circulan por los arcenes de la M-31 cuando van y vienen a comprar drogas a unas chabolas-supermercado de la zona. Deben cruzar dicha autopista para llegar a Madrid, y la M-40 también.

La segunda es una imagen que salió en televisión de un hombre que vivía en un lugar parecido, no recuerdo si en el interior de una rotonda de la M-40 o en un espacio similar entre los carriles de uno y otro sentido.

Hace tiempo también me encontraba gente caminando por el interior de los túneles de la M-30.

Son como animales perdidos, perros, liebres, que cruzan sin saber cómo buscar un sitio mejor, pero sin tener una urgencia clara de llegar al otro lado.

Recuerdo mi primer día de trabajo en San Fernando de Henares, al poco de llegar a Madrid.Basado en mi ignorancia, consulté en Avenida de América el trayecto para llegar al polígono donde estaba mi nueva empresa y conté paradas, sin percatarme de que miraba un esquema con el itinerario resumido. Como consecuencia, me bajé del autobús varios kilómetros antes. Anduve por la vía de servicio de la A-2, aproximadamente por donde vivo ahora, un buen rato, hasta que llegue a San Fernando de Henares y cogí un taxi.

Llegué un par de horas tarde al trabajo.

Deduzco que toda esta gente que veo andando por las autopistas no llega tarde a ningún sitio.
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Carlos Carome
Hace ya una buena temporada (curiosos que naveguen por el Blog) me quejaba de que me faltaban pilares. Argumentaba que echaba de menos tener más gente de confianza alrededor, que me apoyase y a quien recurrir en cualquier momento, que me ayudasen a levantar el tejado poco a poco.

He de confesar que no han aparecido, al menos nuevos, pero eso no quiere decir que no haya construido cimientos.

Es curioso, pero sin encontrar alguien especial fuera de mi entorno desde entonces, he construido una gran cantidad de cosas que me dan la confianza necesaria para levantar el doble de plantas que antes simplemente soñaba poder hacer.

Cada día se ocurren ideas nuevas, proyectos, deseos, ilusiones... y todo eso ha surgido con confianza en los que ya tenía a mi lado.

Toda ayuda es bienvenida, pero al final tus cosas las debes hacer tú mismo con los tuyos.

Y entre nosotros tres estamos creando algo que ya es la envidia de muchos, y pronto se convertirá en algo histórico (y no hablo sólo de CC4)

Gracias a los dos.

Muack
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Carlos Carome
Hoy he visto al director de una empresa decir que está orgulloso de todos sus trabajadores. Le he oído asegurar que siente que están creando una familia. Ha asegurado que, no es que confíe en ellos, es que está seguro que los siguientes hitos saldrán como ha salido este primero, tan importante, porque cree en ellos y en lo que están construyendo juntos.

Y después ha ido entregando regalos a todos los trabajadores de la empresa que han contribuido a la consecución del hito. Relojes (Rolex, Breitling, etc...), el más barato mil euros.

Más tarde nos hemos enterado de dónde ha salido el dinero. Lo miembros del consejo de administración de la empresa han renunciado a su porcentaje por la consecución del hito. El ha utilizado el dinero para pagar a todo el mundo, más de cien personas, una cena en un hotel de lujo, ayer, y hoy los relojes.

¿Alguna vez habéis oído a vuestro jefe hablar así de vosotros? Se llama clase.



PD: No, no es en mi empresa.
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Carlos Carome
Quizás yo esté equivocado y no conozca la verdad, quizás la esté confundiendo con otra, quizás mi camino me lleve a una pared o al fondo de un precipicio.

Quizás creas que mis esfuerzos serán en vano, que pienses que lo que me espera es un fracaso mayúsculo.

Pero tengo claro que yo no podría estar sentado como tú, viendo como los demás lo intentan convencido de que van a fracasar, porque en realidad todo el tiempo que pasas ahí engordando tu culo en realidad engrosas tu fracaso y empequeñeces tu presencia.

Mañana no estaremos aquí, a tu lado, haciendo lo mismo y diciendo lo mismo que ayer. Mañana no viviremos en el mismo sitio ni trabajaremos en lo mismo. Mañana tendré el pelo de otro color y habré cambiado de coche.

Mañana no necesitaré verte. Estarás en el mismo sitio, harás lo mismo y no tendrás nada nuevo que decir.

Tú no tienes mañana. Ya lo has pasado.

La muerte sabe dónde encontrarte desde hace tiempo.
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Carlos Carome
Vamos con la metáfora, para no ser del todo explícitos.

La construcción del edificio ha empezado. Tenemos planos, no muy precisos, casi hechos a mano alzada, pero al menos un diseño de qué queremos. Tenemos el presupuesto basado en ese borrador de idea.

Aún nos falta lo básico: material para los cimientos y la estructura, y un montón de ladrillos. Aún así hemos conseguido hacer el agujero. Ya podemos empezar a rellenar.

Llega el material para reforzar la estructura, hacer el encofrado. Algunas piezas no están en buen estado, parece que van a fallar en seguida cuando se les someta a presión. Otras no está nada claro de para qué pueden servir, y algunas son incompatibles entre sí.

El arquitecto se queja de que no ve avances, y el aparejador no sabe por dónde empezar.

Empiezan a oírse voces criticando que es un proyecto imposible, mientras otros dicen que no tengamos tanta prisa, que estas cosas nunca se inauguran a tiempo, lo importante es que no se pierda dinero.

Parece que todo es un caos y cada uno va a empezar a construir, tarde o temprano, un edificio diferente.

Aún hay una persona que mira los planos todos los días y marca en rojo lo que no está bien, a pesar de que todos tienen copia de lo que hay que hacer.

Esa persona aún tiene el resultado final en la imaginación, cuando lo pintó. Con unos o con otros lo construirá, y lo dejará en legado, y pasará a verlo de vez en cuando.

Pero sabe que solo no va a poder levantarlo. Seleccionar y descartar, es la única manera. Aún hay muchos que buscar, y otros tantos que reemplazar para que esto empiece a dar sombra...
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Carlos Carome
La pereza, la vagancia, la cobardía, la traición.

Aniquilar.

El rencor, la envidia, la crueldad, la bajeza.

Fumigar.

Los aprovechados, los ladrones, los explotadores, los mentirosos.

Expulsar.

El odio, la tristeza, la pena, el dolor.

Destruir.

Muros, trincheras, cárceles, precipicios.


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