Ayer, paseando por la gran Vía de Majadahonda después de cenar, vi que una parte de ella está plantada con
Plátanos, un árbol que me trajo gratos recuerdos de mi ciudad, Valladolid, en particular, del Paseo de Zorrilla, que está repleto de ellos.
Recuerdo haberle preguntado a mi padre el nombre de ese árbol y quedarme desconcertado al conocer su nombre. ¿Cómo dos cosas tan diferentes pueden llamarse igual? ¿Un árbol que se llama plátano y no daa plátanos? ¿Qué sentido tiene todo eso?
Me llamaba mucho la atención también su poda, dejándolos prácticamente en un tronco con unas pocas ramas principales. Me parecían muertos. En el colegio nos explicaban la fotosíntesis y un árbol sin hojas, para mi, estaba muerto.

Pero lo más llamativo y que aún me cuesta analizar era que esos árboles son capaces de unirse en uno solo. Anoche lo volví a ver. Las ramas de un con las del otro se unen, se funden, y se convierten en un puente entre las dos criaturas. Sin fisuras. Una rama que empieza dos veces en dos troncos diferentes y no tiene un final.
Recuerdo que anoche comenté. Si fuesen dos animales, se distinguirían como entidades diferentes al tener dos corazones o dos cerebros. Pero dos plantas unidas de esa manera.... ¿han pasado a ser uno solo?
Quizás el plátano represente el paradigma del amor.