Tú eres como yo, impaciente.
Desconoces como funciona la mente humana, pero yo observo como lo hace la tuya perruna. Cuando ves que nos preparamos para salir, cuando empiezo a preparar algo de comer especial para darte, cuando ves a un amigo perruno a lo lejos en el parque... tu cola se mueve con velocidad, haces caso a la orden de estar sentado, pero tu culo no consigue aguantar más de tres segundos posado, levantas una pata... repitiendo la orden, te centras y sabes que debes esperar. Estás seguro de que recibirás lo que estás deseando, y el tiempo se te hace eterno. Si juego contigo demasiado, ladras y aúllas, como diciendo: "¡No me toques los cojones y dámelo ya!"

Los humanos somos parecidos. Somos impacientes sobretodo cuando es otro el que tiene que darnos las cosas. No entendemos por qué no lo hace cuanto antes, si sabe que estamos esperando. Los hay verdaderamente extremos, de esos que tocan el claxon antes de que pase un solo segundo después de encenderse la luz verde del semáforo. Y los hay absolutamente despreocupados por si hay alguien esperando o perdiendo el tiempo por ellos. También ladramos y aullamos, a nuestra manera.
Sólo conseguimos ser pacientes a medio y largo plazo. Cuando sabemos que las cosas llevan sus pasos, sus trámites y nos preocupamos de cumplirlos. Cuando algo está regido por la lógica y no por la voluntad de otro, conseguimos aceptar la espera.
Pero supongo que en tu caso es igual. Vas aprendiendo que hasta que a mi no me de la gana levantarme de la cama no vas a salir a la calle, y cada vez aguantas más sin darme la paliza los domingos por la mañana.
¿Te estarás humanizando? Ni se te ocurra.