Uno de los males que sufrimos en las últimas décadas es la especulación sin límite. Sobre un bien tangible, algo con valor y que fácilmente se puede asignar en propiedad a una persona, se especula hasta el infinito.
La empresas tienen un valor real, en materias primas, instalaciones, maquinaria, personal cualificado, ... y un valor potencial, contratos, posición en el mercado, marca, capacidad de innovación...
Los "mercados" suman los valores tangibles y los intangibles y especulan sobre su verdadero valor, apostando sobre si les irá bien o no en la situación global actual. Lo mismo se hace con los países, más o menos con la archiconocida deuda actual.
Sobre este nivel de especulación están los que apuestan si el valor que se les asigna es correcto o no,y qué va a pasar con él. Estos, apuestan sobre otros. Los derechos se compran con condiciones de futuro sobre lo que se cree que va a valer.
Lo mismo pasa con los bienes inmobiliarios. Una casa vale lo que vale el terreno y su material. Pero también vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella, en función de su situación y el momento del mercado. Eso vuelve a hacer encarecer el suelo, y la siguiente construida de partida ya es más cara por la especulación sobre los materiales de partida. Y así todo.
Y al final pasa lo que pasa. Construyendo "valores ficticios" sobre una débil y única base real puede provocar que uno de ellos caiga o lo hagan todos, si el que cae es el de más abajo, el bien real, si éste pierde su significado "teórico". Ya lo conocéis, como lo explica Aleix aquí: http://youtu.be/N7P2ExRF3GQ
Hagamos el mismo análisis para la religión. Supongamos que existe Dios, que es un ser con una supremacía tal que es capaz de provocar la existencia. De acuerdo. Esta es la base. "Hay algo". Claramente no somos seres perfectos, si no únicamente los más evolucionados dentro de este planeta. De la misma manera que otros animales no pueden tener conciencia del significado de la existencia de ciertas cosas, nosotros tenemos un límite en nuestro entendimiento. Lo que creemos conocer o entender puede ser solo una minúscula parte de la realidad. No damos para más. Este ser, estaría muy lejos de nuestro entendimiento, al ser el ser único y total.
Pero supongamos que es un ser bueno. Supongamos que se preocupa por nosotros, pero que nos deja hacer a nuestro libre albedrío ¿Un juego?. Supongamos que un día aparece un humano en la Tierra que dicta una serie de normales morales y de convivencia, y asegura que esas leyes vienen dictadas por ese ser superior. Supongamos que además, según sus palabras, el ser no es tan bueno, si no que castiga al que no siga esas normas. Además, hay que rendirle pleitesía constantemente y suplicarle favores.
Supongamos que todo esto lo escriben un grupo de personas en una serie de libros, que sufren multitud de variaciones y se elige una de ellas como la válida.
Creemos ahora toda una organización para, supuestamente, difundir este código moral, pero también para asegurarse de que todo eso se cumple. Necesitamos un montón de personas para formar parte de esta organización, por lo que atribuimos a estas personas la capacidad de interpretar lo que ese ser dice que es bueno y malo, y no solo eso, si no que además les damos autoridad para decidir a quién el ser perdona y a quien no.
A partir de ese momento, creemos que para ser buena persona solo se puede ser si se sigue estas normas. Los que incumplen alguna los llamamos pecadores, y ya no son de fiar, solo si se arrepienten.
Especulación. Puede ser que falle uno de los eslabones del razonamiento. El último. Todos estos que tienen autoridad para entender lo que el ser dice que está bien o está mal son unos impostores, o les han lavado el cerebro. Ok, simplemente esta religión no es la verdadera.
Pero si lo que falla es un punto anterior, el invento se puede desmoronar por si solo. Crisis mundial. Nada es cierto. O no somos capaces de entender a ese ser. O nuestra posición en el mundo es otra, no el centro absoluto.
La fe. Esa gran palabra. No pienses más, esto es así. Me recuerda tantos otros ejemplos en la vida en el que te dicen algo así.
Bueno, allá vosotros, dónde queréis poner vuestro futuro.
La empresas tienen un valor real, en materias primas, instalaciones, maquinaria, personal cualificado, ... y un valor potencial, contratos, posición en el mercado, marca, capacidad de innovación...
Los "mercados" suman los valores tangibles y los intangibles y especulan sobre su verdadero valor, apostando sobre si les irá bien o no en la situación global actual. Lo mismo se hace con los países, más o menos con la archiconocida deuda actual.
Sobre este nivel de especulación están los que apuestan si el valor que se les asigna es correcto o no,y qué va a pasar con él. Estos, apuestan sobre otros. Los derechos se compran con condiciones de futuro sobre lo que se cree que va a valer.
Lo mismo pasa con los bienes inmobiliarios. Una casa vale lo que vale el terreno y su material. Pero también vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella, en función de su situación y el momento del mercado. Eso vuelve a hacer encarecer el suelo, y la siguiente construida de partida ya es más cara por la especulación sobre los materiales de partida. Y así todo.
Y al final pasa lo que pasa. Construyendo "valores ficticios" sobre una débil y única base real puede provocar que uno de ellos caiga o lo hagan todos, si el que cae es el de más abajo, el bien real, si éste pierde su significado "teórico". Ya lo conocéis, como lo explica Aleix aquí: http://youtu.be/N7P2ExRF3GQ
Hagamos el mismo análisis para la religión. Supongamos que existe Dios, que es un ser con una supremacía tal que es capaz de provocar la existencia. De acuerdo. Esta es la base. "Hay algo". Claramente no somos seres perfectos, si no únicamente los más evolucionados dentro de este planeta. De la misma manera que otros animales no pueden tener conciencia del significado de la existencia de ciertas cosas, nosotros tenemos un límite en nuestro entendimiento. Lo que creemos conocer o entender puede ser solo una minúscula parte de la realidad. No damos para más. Este ser, estaría muy lejos de nuestro entendimiento, al ser el ser único y total.
Pero supongamos que es un ser bueno. Supongamos que se preocupa por nosotros, pero que nos deja hacer a nuestro libre albedrío ¿Un juego?. Supongamos que un día aparece un humano en la Tierra que dicta una serie de normales morales y de convivencia, y asegura que esas leyes vienen dictadas por ese ser superior. Supongamos que además, según sus palabras, el ser no es tan bueno, si no que castiga al que no siga esas normas. Además, hay que rendirle pleitesía constantemente y suplicarle favores.
Supongamos que todo esto lo escriben un grupo de personas en una serie de libros, que sufren multitud de variaciones y se elige una de ellas como la válida.
Creemos ahora toda una organización para, supuestamente, difundir este código moral, pero también para asegurarse de que todo eso se cumple. Necesitamos un montón de personas para formar parte de esta organización, por lo que atribuimos a estas personas la capacidad de interpretar lo que ese ser dice que es bueno y malo, y no solo eso, si no que además les damos autoridad para decidir a quién el ser perdona y a quien no.
A partir de ese momento, creemos que para ser buena persona solo se puede ser si se sigue estas normas. Los que incumplen alguna los llamamos pecadores, y ya no son de fiar, solo si se arrepienten.
Especulación. Puede ser que falle uno de los eslabones del razonamiento. El último. Todos estos que tienen autoridad para entender lo que el ser dice que está bien o está mal son unos impostores, o les han lavado el cerebro. Ok, simplemente esta religión no es la verdadera.
Pero si lo que falla es un punto anterior, el invento se puede desmoronar por si solo. Crisis mundial. Nada es cierto. O no somos capaces de entender a ese ser. O nuestra posición en el mundo es otra, no el centro absoluto.
La fe. Esa gran palabra. No pienses más, esto es así. Me recuerda tantos otros ejemplos en la vida en el que te dicen algo así.
Bueno, allá vosotros, dónde queréis poner vuestro futuro.



