Hoy he recibido dos inyecciones de esperanza. Esperanza de que las cosas no son como deberían ser, pero hay gente que sigue creyendo en cambiar las cosas, o en encontrar y vivir con las personas que piensan igual.
La primera ha sido esta mañana, y ha sido en el entorno profesional. Dos personas me han demostrado que conservan lo que se necesita para trabajar a gusto: motivación, ilusión, imaginación, creatividad, confianza en el cambio, ganas de avanzar, entusiasmo en el mañana... Me ha alegrado ver que no han sido abducidos por los tristes y los tremendistas, los pesimistas y alarmistas, los jefes de la secta que invocan el suicidio colectivo ni los vegetales que se conforman con tener trabajo mañana. Juntos podremos hacer grandes cosas.
La segunda ha sido esta tarde. Una antigua (que no vieja) amiga me ha recordado, contándome sus experiencias en poco más de media hora que teníamos de tiempo, que cree en otra forma de vivir la vida. Otra forma de establecer relaciones en el trabajo, en la vida personal. alguien que cree en el valor de la comunicación, de la confianza, de la cercanía, de la honestidad, de la sinceridad, de la integridad personal... alguien con valores, que los mantiene a pesar de la vorágine que nos rodea y de las ganas de enemistad que demuestran muchos en nuestro entorno diario.
No había perdido la esperanza, por supuesto, aún me queda mucha cuerda. Pero me alegra que, espontáneamente, alguien saque a la luz la defensa de todo eso que yo echo de menos en la mayoría, la mayoría del tiempo.
Hoy todo está un poco más cerca.
La primera ha sido esta mañana, y ha sido en el entorno profesional. Dos personas me han demostrado que conservan lo que se necesita para trabajar a gusto: motivación, ilusión, imaginación, creatividad, confianza en el cambio, ganas de avanzar, entusiasmo en el mañana... Me ha alegrado ver que no han sido abducidos por los tristes y los tremendistas, los pesimistas y alarmistas, los jefes de la secta que invocan el suicidio colectivo ni los vegetales que se conforman con tener trabajo mañana. Juntos podremos hacer grandes cosas.
La segunda ha sido esta tarde. Una antigua (que no vieja) amiga me ha recordado, contándome sus experiencias en poco más de media hora que teníamos de tiempo, que cree en otra forma de vivir la vida. Otra forma de establecer relaciones en el trabajo, en la vida personal. alguien que cree en el valor de la comunicación, de la confianza, de la cercanía, de la honestidad, de la sinceridad, de la integridad personal... alguien con valores, que los mantiene a pesar de la vorágine que nos rodea y de las ganas de enemistad que demuestran muchos en nuestro entorno diario.
No había perdido la esperanza, por supuesto, aún me queda mucha cuerda. Pero me alegra que, espontáneamente, alguien saque a la luz la defensa de todo eso que yo echo de menos en la mayoría, la mayoría del tiempo.
Hoy todo está un poco más cerca.



La esperanza brota de donde uno menos se lo espera, y entonces, un torrente fresco de vida inunda nuestro ser.
Un saludo.