Carlos Carome
Es algo que irrita, saca de quicio. Que te des cuenta de que alguien te trata como si fueses gilipollas. Esa persona que te oculta información y piensa que no te das cuenta, que te simplifica las cosas porque no vas a ser capaz de entenderlo, que le quita hierro a tus problemas porque piensa que exageras...

Son más listos que tú, te dan mil vueltas y sabe mucho más de la vida de lo que tu serás capaz de aprender en lo que te queda sobre la faz de la tierra.

Siempre dudo de qué es mejor: soltarles un gran exabrupto a la cara o dejarles creer su superioridad y metérsela doblada.

Lo sé, siempre estoy igual. Tratando de vengarme, devolvérselas a los demás, buscando como hacer que los demás paguen por lo que hacen.

Pero en realidad soy un estudioso de la conducta humana. Desde que tengo perro me he dado cuenta que un animal como éste no es más que una simplificación del ser humano. Como cualquier otra ciencia, si te limites a analizar y comprender lo básico, puedes llegar a dominar los temas complejos. Mi perro supone para mi la posibilidad de practicar correcciones y hacer deducciones sobre comportamiento que se que comprueban en individuos simplones y previsibles de la raza humana.


Y eso enriquece. En definitiva, es sabiduría.
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