Carlos Carome
Últimamente pasamos mucho tiempo juntos. Cuando son días de descanso, prácticamente las 24 horas.

No se si tú podrías decir que me has llegado a conocer bien (yo a ti sí), pero quizás olvido que eres joven, muy joven, y que tus mayores preocupaciones ahora son la diversión y las necesidades fisiológicas básicas.

Pero estos ratos en silencio contigo me ayudan a pensar, en mis cosas, y en las de todos, y como se que hablar con alguien como tú es un defecto altamente criticado en esta sociedad, a la par que claramente inútil a efectos prácticos, me he decidido a escribirte aquí, aunque se a priori que es igual de inútil que hacerlo en persona, pero a mi me servirá igual que me sirve el resto de este blog.

Por lo tanto, mientras tú te echas otra de tus envidiables siestas entre carrera pro el parque y panzada a comer, te doy la bienvenida a éste mi mundo virtual, querido Tango.

Charlaremos a menudo.

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Carlos Carome
Me han hablado bien de ti, que debo conocerte e intercambiar algunas ideas. Ahora, en las fechas que se aproximan, tendré tiempo, y decidido darte esa oportunidad.

Por lo visto tienes cosas que contarme, y aunque tú no sabes quién soy, eres de los que les gusta contar cosas a la gente desconocida.

Te vi hace poco en la televisión. Me pareciste alguien tranquilo, sereno, muy observador y con bastante inteligencia para resultar gracioso e interesante. Te gusta dar tu opinión de las cosas usando referencias históricas o literarias, citando palabras de ilustres. Me gustó.

Buscaré el momento adecuado y te escucharé. intentaré meterme en tu mundo. Tengo la sensación de que nuestra relación durará bastante.

Veremos qué tienes que contarme, señor Millás.
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Carlos Carome
¡Qué cosas tiene la lectura, internet y la curiosidad!

Leyendo hoy el periódico, me he parado en un artículo en el que se hablaba de los sitios que frecuentaban los listillos estos del Correa y compañía, para manejar y cerrar sus negocios sucios.

Entre otros lugares, he leído que frecuentaban un lugar llamado Pigmalión, y como el nombre me recordaba a mitología, he preguntado a la Wikipedia, como de costumbre.

Ha sido ella la que me ha enseñado, como siempre, algo nuevo e interesante sobre el tema: El efecto Pigmalión.

Copio un fragmento de su artículo:

Efecto pigmalión:
Suceso por el que una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo.
"Las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que de alguna manera se conduciría a los alumnos, determinan precisamente las conductas que los profesores esperaban." (Rosenthal y Jacobson).
Una profecía autocumplida es una expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la expectativa se vuelva cierta.
Efecto pigmalión positivo: El efecto pigmalión positivo se refiere a aquel que produce un efecto positivo en el sujeto, de forma que afianza el aspecto sobre el cual se produce el efecto, provocando un aumento de la autoestima del sujeto y del aspecto en concreto.
Efecto pigmalión negativo: El efecto pigmalión negativo es aquel que produce que la autoestima del sujeto disminuya y que el aspecto sobre el que se actúa disminuya o incluso desaparezca.
Sin saberlo, soy un defensor acérrimo de la validez este estudiado efecto. Creo que la actitud, la motivación y la convicción cambian el destino. Así mismo, el pesimismo, la auto-compasión y la baja autoestima se retroalimenta a sí misma y se convierte en un círculo vicioso.

Volviendo a los elementos que me han llevado a este descubrimiento tan grato, quizás claramente son un ejemplo extremo de este fenómeno. Los llamados comúnmente "sobrados" son aquellos que rebosan autoestima por sus poros, y seguramente gran parte de su inmerecido éxito se deba a este mismo efecto que se describe.

Claro está. Todos los excesos se pagan, absolutamente todos. Y en este caso, no iba a ser una excepción.

Eso sí. Me quedo con la fantástica explicación del origen de la expresión. Precioso.

El efecto pigmalión tiene su origen en un mito griego consistente en un escultor llamado Pigmalión (Πυγμαλίων en griego antiguo) que se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños.
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