Carlos Carome
Se acerca una gran tormenta compañeros. De esas llenas de truenos y relámpagos, mezclada con las de arena que abundan por estas tierras que visito a menudo, que impiden ver a dos metros.

Temblarán los cimientos. Arrastrará la corriente todo tipo de enseres y personas. Otros se acumularán donde los muros aguanten la embestida.

Pero, cuando al final el cielo se vuelva a abrir, costará reconocer el paisaje y se echarán de menos muchas cosas.

Dicen que esto limpia el aire, que sanea el ambiente, que es bueno para el campo.

Pero será muy difícil de entender para la mayoría. La tormenta está formada ya. No hagáis caso de los movimientos de nubes que se ven. Detrás de la montaña se hace fuerte, lista para aparecer con toda su negrura en pocos días.

Desde aquí incluso se huele a lluvia.

Dos opciones, protegerse encerrado en casa, o empezar a pensar por dónde escapar.
votar
Carlos Carome
Me desperté suavemente. Esa maravillosa melodía se había introducido poco a poco en mi sueño para rescatarme de él tirando de mi suavemente, convenciéndome para dejarme arrastrar fuera de la inconsciencia, segura de que ningún sueño sería mejor de lo que me espera en la realidad.

Olores suaves y florales llenaban mi habitación. La temperatura era tan ideal que daba a impresión de que no existiese el aire alrededor, que hubiese un concepto que en realidad nunca se había materializado.

Enfrente mío, increíbles manjares se me ofrecían como desayuna. Frutas de todos los orígenes y colores brillaban en diferentes recipientes, sin dejar ninguna duda del intenso sabor que contenían y de la naturalidad de su crecimiento previo a su recolecta.

La bañera estaba recubierta de rosas que flotaban sobre un agua repleto de sale relajantes, y rodeada de multitud de velas aromáticas y varios recipientes con hielo y bebidas de otros lugares.

Pero de repente, una nueva melodía, esta menos acogedora y cautivadora, sino incisiva y desconcertante cruzó toda la estancia. Comenzaron a desvanecerse los olores, los colores, las sensaciones agradables...

Después, negro. Un poco más de luz. ¿Dónde estoy?

Mierda. Es sábado y aún así tengo que madrugar para trabajar. Maldito despertador.
votar
Carlos Carome
Tengo muy claro dónde quiero llegar.

En cuestión de trabajo, hacerlo con gusto, aprendiendo cada día y teniendo la sensación de que contribuyo a crear algo continuamente. Siempre he pensado qué sentirán los arquitectos o simplemente los trabajadores cuando pasan con sus hijos por delante de esos edificios en los que han participado.

No quiero estar atado a un horario, ni quiero que sea la pieza central de mi vida. No me gustaría que el resto de mi tiempo se tuviese que conformar con lo que éste me deja libre. Seguiría siendo una necesidad, no un deseo. Que te paguen BIEN por hacer algo que te gusta, es un sueño.

En pareja, gustarnos como somos, como éramos cuando nos conocimos. Estar cuando se me busca, encontrar cuando me falta. Y de nuevo, crear algo juntos. 1+1>2.

En sociedad, poder mantener las relaciones que me gustan, sin obligaciones, sentir que para cada cosa son mi primera opción cada uno, y yo para ellos. Tengo tantos hobbys no explorados que estoy seguro que podría estar conociendo gente constantemente.

Mi casa, está definida en líneas maestras desde hace tiempo. Luz, espacio, naturaleza, tranquilidad. Desde mi casa ideal no me importaría conducir dos horas todos los días para ir a trabajar.

Música. Volver a tocar en directo regularmente es uno de mis deseos no cumplidos. Me daría igual dedicarme los jueves a hacer versiones en un pequeño bar. Poder hacerlo con temas propios, el sueño.

Y en cuanto al resto de posesiones materiales, no hecho nada en falta. En serio. Alguno viendo "los cacharros" que tengo podrían pensar que soy derrochador o caprichoso, pero los que están cerca saben que los tengo por selección, y no he tirado el dinero por ninguno de ellos. Supongo que si tuviese otro nivel de vida, tendría otras cosas, pero a día de hoy, ningún capricho material no satisfecho.

Familia. Creo que me gustaría más de un hijo, aunque no más de dos, pero no existe un número definido a día de hoy. Lo que sí tengo claro es que tengo que criarlo yo. Más allá del "disfrutar de tus hijos", yo deseo poder ser quién le guíe el mayor tiempo posible al día. Creo que no confiaría en nadie más para hacerlo (aparte de mi pareja, por supuesto).

Supongo que hay más aspectos que podría analizar. En unos estoy bastante más cerca que en otros. Pero ninguno me parece imposible. Y creo que nunca me lo ha parecido. Voy paso a paso. Intento mirar hacia adelante, y sufro de vértigo algunas veces.

Pero si algo tengo claro es que mi destino no está escrito, y el único que puede dibujar un boceto soy yo mismo.
votar
Carlos Carome
Existen dos maneras de recorrer una espiral: girado hacia dentro, o girando hacia fuera.

Las últimas conversaciones con el cliente en Madrid parece que acababan convergiendo hacia ese punto, cerrando el abanico de dudas, todo el mundo mirando al mismo lugar, muy a pesar de los franceses.

Pero aparecieron otros franceses y nos colocaron en el punto de partida, de nuevo. Nada de lo hablado valía. Se intentó recuperar posiciones, de una manera improvisada, pero sin mucha fe en el resultado.

Los otros franceses aprovecharon el verano y rellenaron los huecos. Ahora hemos vuelto más atrás aún, un año atrás. Ellos creen que lo único que ha pasado es que han reemplazado piezas, que estamos tan cerca como al principio del verano. Pero no es así.

Esta semana han mostrado su arrogancia tras pensar que han recuperado el timón de la nave, que ellos deciden el rumbo y que se llevarán los méritos por ello.

Pero una gran ola se avecina en los próximos días, zozobraremos de nuevo.

Creo que llega el momento de buscar la manera de alejarse definitivamente de esta tripulación. Ni tan siquiera me apetece llegar a puerto con ellos y celebrar durante días la hazaña.

No me gusta nadie, desde el capitán al último marinero, ni tan siquiera el cocinero.

Los ciclos llegan a su fin, incluso en las espirales.
votar