A veces pienso que en ciertas ocasiones me gustaría ser tonto.
No tener la necesidad de entender todas las cosas, no preocuparme de los porqués. Ser capaz de olvidar lo que me ha pasado sin necesidad de darlo vueltas una y otra vez, hasta llegar a agotarme.
Despertarme cada día con la cabeza reseteada y disfrutar de cada detalle bueno como si el día anterior no me hubiese planteado un problema vivir algo similar.
Pero lamentablemente, no soy tonto, en el mejor sentido de la palabra, y muchos días parece que no he llegado tan siquiera a dormir. Las mismas cosas, la misma gente y las mismas situaciones me hacen pensar que el mundo en realidad no da vueltas y que la evolución en la vida es mínima.
Espera,... ¿A ver si al final si voy a ser tonto de verdad y por eso no me doy cuenta?
Orgulloso de tus progresos, orgulloso de tu carácter, de tu capacidad, de tus virtudes, de tu dedicación, de tus maneras, de logros, de tu camino, de tu voluntad, de tu sonrisa, de tu prestigio, de tu personalidad, de tu profesionalidad, de tu paciencia, de tu comprensión, de tu expresión...
Orgulloso de ti.
Enhorabuena.
Aguantamos mientras compense.
Tenemos claro que hay un límite, pero de momento el beneficio es mayor que el perjuicio, o no hay solución mejor, y, siendo lo menos malo, es mejor que nada.
Compensa.
Compensa la incomodidad por la estética. Compensa el trabajo, por el dinero. Compensa el viaje por el destino.
Pero ¿dónde está el límite? Y lo que es peor. ¿Somos capaces de fijarlo antes de superarlo?
Quizás usar esa expresión es algo ya algo conformista en sí. Compensa significa que sabemos que tiene cosas malas, pero también buenas.
Por la tanto, no hay que quedarse en lo que compense, si no lo que sólo sume. Y dejar de compensar.
¿Cuándo es el momento de volverse a liar la manta a la cabeza? ¿Cómo se diferencia en un momento si las sensaciones son sólo produzco de un calentón o de verdad ha llegado el momento de coger la puerta? ¿Cuántas veces se puede cambiar hasta que uno se conforme en un sitio, o deje de dar importancia a cosas tan determinantes años atrás? ¿Cuándo dejas de ser tan combativo y tozudo y te conviertes en uno más, que acepta lo que le toca y se resigna a adaptarse?
No se vosotros, yo sigo teniendo esas sensaciones, cíclicamente, unas veces antes otras veces más tarde.
Pero empiezo a tener la sensación de que normalmente todo comienza con una persona, alguien que se me atraganta, y que, tarde o temprano, se convierte en un verdadero enemigo.
Me acuerdo del anterior. Y me preocupa. El nuevo y él son muy diferentes. Eso significa que hay muchos...
Y de nuevo la pregunta... ¿el problema está en mi?
Ayer, aparte de disfrutar de una maravillosa cena en casa de amigos, tuve la oportunidad de que alguien que ha conocido desde dentro ese mundo me hablase de
Los Testigos de Jehová. Os recomiendo una lectura básica a sus preceptos, porque son tan interesantes como los de cualquier otra de las religiones.
Ayer me narraron algunos detalles "extemos" de esta creencia, que en algunos aspectos la igualan a las más radicales o a las secciones más fanáticas de las comunes (islam o catolicismo). El hecho de que esté prohibido el contacto con gente que haya abandonado el grupo, la cercanía del momento de alcanzar el paraíso, o como acabo de leer en el enlace de la Wikipedia que os puesto más arriba:
Solo 144.000 humanos van al cielo, con el propósito de gobernar con Cristo. (Jn. 10:16; Rev. 7:4; Rev. 14:1-5; Efe. 3:3-6; Ro. 8:16,17)
El premio y el castigo divinos no son el cielo y el infierno, sino la vida eterna y la destrucción eterna. (Jn. 6:40, Jn. 3:16; Eze. 18:4; Ro. 6:23; 2 Tes 1:6-10)
Satanás es el gobernante invisible del mundo, de modo que el cristiano debe mantenerse separado del mundo y evitar los movimientos ecuménicos (1ª Juan 5:19; 2ª Cor. 4:4; Juan 12:31).
Pero debo reconocer que ha habido otros aspectos que me han sorprendido gratamente:
1.- El adherirse a la religión es un acto voluntario, por lo que no se bautiza a los niños, si no se hace cuando lo solicitan conscientemente.
2.- No se deben venerar imágenes religiosas.
No creo en ninguna religión. Creo que partiendo del hecho del miedo a lo desconocido, la necesidad de explicación para todo aquello que la mente humana no alcanza aún a comprender y la justificación de la imposición unas normas morales al conjunto de la población, han hecho inevitablemente, en todas las civilizaciones a lo largo de la historia, la creación de seres todopoderosos, a los que se debe temer y venerar durante nuestra existencia, amenazadas con un sufrimiento eterno e inimaginable como castigo, o un lugar fantástico y maravilloso como premio.
Jamás entenderé cómo alguien puede describir a un ser así desde la limitación humana. Como el ejemplo que me ponían ayer, es como si coges una hormiga e intentas que te entienda. Su naturaleza se lo impide. Pues la misma situación sería para un ser como ése con respecto a nosotros. Es ridículo basarse en su existencia para dictar lo que está bien o lo que está mal.
Pero las civilizaciones avanzan, y aparecen justificaciones científicas para hechos que eran atribuidos a dioses, cambia la ética de la gente y no se consideran como malos ciertos actos, y el concepto de premio que se ofrece en el paraíso parece poco atractivo como para sacrificarse una vida entera.
Con lo cual, para mantener el temor al dios todopoderoso de turno deben adaptar sus doctrinas, con lo que invalidan de la misma manera esos términos que obligaban a la fe, a creer porque sí. Resulta que lo que era obligatorio e imprescindible, ahora no lo es, y lo que era un deseo divino incontrolable, resulta que se puede escribir en un papel y predecir.
La religión debe evolucionar dicen... ¿a qué? siempre existirán fanáticos, gente que se agarre a lo primero que les digan, y otros que no necesiten más que rezar para creer que son buena gente y hacen el bien. Las religiones no desaparecerán, como ningún otro radicalismo o fanatismo. La condición humana es así, y tendrá cabida para ellos siempre.
Como decía Buñuel, gracias a Dios, soy Ateo.