Ha llegado el momento. Tienes tu historia, tienes tu entorno, tienes tus carencias. ¿Quién no? No se trata de ser más que nadie, ni tampoco menos. Así no vas a conseguir lo que crees que necesitas. Todos somos especiales, diferentes, todos queremos que se nos reconozca la diferencia. Pero ha llegado el momento de poner de nuestra parte.
Debes plantearte las cosas, las pasadas, las presentes y, sobre todo, las futuras. Dibuja dónde quieres estar dentro de unos años, reconoce dónde estás en realidad, y cuando hayas sido verdaderamente sincero contigo sobre tu situación, intenta trazar una o varias rutas para ir acercándote poco a poco a tu hogar en la vida.
No esperes un botón mágico como el de Google maps que te indique el camino. Incluso ese botón maravilloso, para que sea capaz de ayudarte, tiene que recibir de ti tu localización exacta, debes ser sincero que él y decirle de verdad dónde estás. Y esa es tu primera y más importante tarea.
Mientras no reconozcas cómo están las cosas hoy, primero para ti mismo, y después con los demás, los que quieren seguir estando cerca de ti, nunca encontrarás el camino, ni nadie te ayudará a hacerlo. No hay punto de partida aún. Localízalo en el mapa como es debido.
Una vez hecho eso, limpia tu vida y tus relaciones. Quita toda la basura que has acumulado alrededor. Quizás te sorprenda y te asuste ver que en realidad, como cuando a una oveja le llega el momento de esquilar, lo que sujeta todo ese volumen es muy poco, prácticamente un esqueleto. Pero eso es lo que cuenta, la base. Y es en lo que tiene que quedar a corto plazo tu vida. En la base.
Retira todo lo acumulado alrededor, las mentiras, el humo, el salir del paso, el cubrir una deuda con otra, el ganar unos minutos más... reconócelo, muéstralo a los tuyos, y verás cómo siguen estando ahí. Verás la esencia de todo y reconocerás quién eres.
En ese momento te sentirás acompañado, fuerte, y comenzarás a ver que el corto plazo y la falta de paciencia te aportan cosas que duran menos que la espera necesaria para hacerlo bien.
Un abrazo.
Debes plantearte las cosas, las pasadas, las presentes y, sobre todo, las futuras. Dibuja dónde quieres estar dentro de unos años, reconoce dónde estás en realidad, y cuando hayas sido verdaderamente sincero contigo sobre tu situación, intenta trazar una o varias rutas para ir acercándote poco a poco a tu hogar en la vida.
No esperes un botón mágico como el de Google maps que te indique el camino. Incluso ese botón maravilloso, para que sea capaz de ayudarte, tiene que recibir de ti tu localización exacta, debes ser sincero que él y decirle de verdad dónde estás. Y esa es tu primera y más importante tarea.
Mientras no reconozcas cómo están las cosas hoy, primero para ti mismo, y después con los demás, los que quieren seguir estando cerca de ti, nunca encontrarás el camino, ni nadie te ayudará a hacerlo. No hay punto de partida aún. Localízalo en el mapa como es debido.
Una vez hecho eso, limpia tu vida y tus relaciones. Quita toda la basura que has acumulado alrededor. Quizás te sorprenda y te asuste ver que en realidad, como cuando a una oveja le llega el momento de esquilar, lo que sujeta todo ese volumen es muy poco, prácticamente un esqueleto. Pero eso es lo que cuenta, la base. Y es en lo que tiene que quedar a corto plazo tu vida. En la base.
Retira todo lo acumulado alrededor, las mentiras, el humo, el salir del paso, el cubrir una deuda con otra, el ganar unos minutos más... reconócelo, muéstralo a los tuyos, y verás cómo siguen estando ahí. Verás la esencia de todo y reconocerás quién eres.
En ese momento te sentirás acompañado, fuerte, y comenzarás a ver que el corto plazo y la falta de paciencia te aportan cosas que duran menos que la espera necesaria para hacerlo bien.
Un abrazo.




