Carlos Carome
Cuando todas la manos son útiles, aparece alguien que decide retirar la suya. Es una acto de cobardía, escudado detrás de un procedimiento administrativo, ejecutado por una persona capaz de anteponer unos míseros euros que no le pertenecen, pero que mejoran su nota en la ambición del poder, al respaldo casi involuntario y sin esfuerzo que da el tener un resquicio de vida normal dentro de la desesperación.

La vida es tranquila cuanto más creemos que se parece a la de los demás, lo normal, en lo bueno. Tener nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestra casa, es lo que nos hace encontrar una estabilidad y nos permite conciliar el sueño cada noche, a pesar de los avatares del día a día que nos hacen tambalearnos de lado a lado mientras estamos fuera de nuestro hogar.

En una situación dolorosa, son esos hilos que nos atan a la normalidad los que nos hacen levantarnos del suelo con mayor facilidad y recuperar la fuerza necesaria para afrontar otra embestida del viento racheado.

Cortar un hilo como ése a una persona que está luchando por salir adelante con todas sus fuerzas, es un acto ruin y despreciable, que dice mucho de quienes lo ejecutan, convirtiéndose así en los peores aliados de lo que se llama humanidad y sentido común, y añadiéndolos a las filas de los mercenarios y descerebrados que son capaces de traicionar a todos los suyos por unos sucios céntimos en sus bolsillos.

Ánimo jefa, seguimos contigo.
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Carlos Carome
Por definición, un vendedor es alguien que, además de dar información, debe convencer. Para dar información sirve un panfleto o un documento. Un vendedor debe hacer ver a un cliente que necesita lo que le ofrece, que su vida va a ser mucho mejor después de comprarlo y que lo que se pide por ello es justo y razonable.


Un vendedor debe trasmitir confianza, y para ello necesita tener seguridad en sí mismo. Debe creerse lo que está diciendo, o al menos parecerlo, o parecer seguro de que no le van a pillar con ninguna pregunta del tema del que está hablando.

Un vendedor no puede limitarse a recitar un guión, poner una sonrisa y rezar para que no le pregunten de esto o de lo otro. Un vendedor tiene que aparentar estar por delante del que pide la información, sin menospreciar nunca, y demostrar intención de ayudar para resolver sus problemas.

Un vendedor nunca puede parecer segundón, pequeño, dubitativo o inseguro.

Si esas son las virtudes que debe tener un equipo de vendedores para la venta del siglo, pensad las que debería tener EL LÍDER DE TODOS LOS VENDEDORES



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Carlos Carome
Se le puede ver prácticamente a diario apostado en la única salida del lugar. Vigila desde lejos a la gente que se dirige hacia sus coches, y modifica su posición para que encontrárselo sea inevitable.

La mirada inocente, como ese perrillo que te pide una galleta por compasión, como si no acceder a su súplica supusiese su muerte por inanición.

Se ven rodeos, salidas quemando rueda, conducción temeraria mirando a otro lado y un sin fin de maniobras para evitar tener que dar una explicación verbal.


Los que no pueden impedir detenerse, para no ser acusados de atropello, intentan buscar la excusa perfecta, pero cualquier destino le viene bien, eso sí, el primer día, luego pide que se busque algo mejor.

El autoestopista, busca, localiza, centra su objetivo, y si erra el tiro, reorienta su localizador.

La noche es su medio, se oculta para ganar la sorpresa. Sólo si el día ha sido ligero y puede unirse a la manada para su vuelta, podrás salir tranquilo en dirección a tu casa. Pero si ha perdido el rastro de la puntualidad y los suyos lo han abandonado a su merced, ¡estate atento, o te atrapará sin remedio!
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Carlos Carome
Buscar esa mirada distraída que me dice que vuelas lejos de aquí
Capturar ese instante en el que una reflexión hace que ofrezcas tu cara al cielo
Reflejar el paso de baile en tus andares que me da ritmo al resto del día
Encontrar la curva perfecta de tu cuerpo que amolde mi deseo
Recorrer el trazo de tu pelo para dirigirme por tu espalda
Reunir tus pies y manos en un cuadro típico de cada mañana
Dibujar tu silueta en el blanco del papel de mi memoria
Mostrar al mundo lo que yo veo, pero que ellos no alcanzarán a divisar jamás

Por todo eso, hoy quiero fotografiarte.




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Carlos Carome
Lo que se presentaba en todos los periódicos como una novedad del famosísimo FBI en la búsqueda del hombre más culpable, peligroso y odiado del planeta, acabó siendo una demostración de que en todos lados cuecen habas.

La bomba de actualidad estaba en que, usando una complejísima tecnología que permite deducir qué aspecto tendrá una persona años después de la última imagen disponible habían colgado en la página web del programa de recompensas por capturas, el siguiente trabajo:



Pero enseguida saltaba la verdadera noticia. Por lo visto esa increíble tecnología a la que sólo los técnicos más afortunados del servicio más avanzado del mundo, no debe de ser más que el archifamoso Photoshop, y el técnico con acceso a todas las bases de datos del mundo, parece que entró en Google y cogió la foto de Gaspar llamazares para montar la imagen en cuestión.



Pero no acaba ahí la cuestión, si no que horas después, algún periodista inquieto se pone a revisa la página web donde se han colgado las fotos y descubre que la pelambrera y la frente del desafortunado ex-líder de IU, también han sido usadas al menos para otro terrorista, por lo que sus rasgos les han resultado útiles para montar retratos robots de integristas islámicos como churros.



Estoy seguro que si esto pasase en España la referencia tan habitual de los medios de comunicación de "Espionaje de Mortadelo y Filemón a la española" hubiese sido inmediata.

Pero, por qué no, vamos a ponerle a ellos la referencia de su propio país que se merecen:


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Carlos Carome
Un puente delante. En el otro extremo, la salida. Detrás tuyo, todos tus enemigos. Si logras cruzar el puente, podrás dejarlo caer a tu espalda e impedir que te alcancen. Pero el puente es débil, peligroso e inseguro. Ya has intentado pasar por otros antes, y no soportaron tu peso. Quizás lo intentaste demasiado rápido, o demasiado lento, o a lo mejor podrías haberlo hecho de otra manera.

No te atreves. No sabe si merece la pena. De todas formas, sabes que vienen detrás de ti, pero de momento no los ves, ni tan siquiera los oyes acercarse. Pero algo parece decirte que te alcanzarán.

¿Qué hacer? ¿Esperar a ver qué pasa o jugársela ahora intentando no hacerlo de la misma manera con la que fallaste tantas veces?

Tú decides...


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Carlos Carome
Bueno, a todos los de plantilla de mi empresa. Sin comentarios. Si algún día cargo la batería, os enseño el software, que lo he visto en otro funcionando...











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Carlos Carome
Después de confirmadas las malas noticias, las tendencias, los indicios se convierten en realidades. Hay mucha incertidumbre, unos pocos números han transcendido y todo el mundo se hace preguntas por los pasillos. ¿Qué pasará? ¿Cuándo?

Tiene el destino el capricho que coincida con una necesidad de renovación motivada por asuntos muy diferentes (¿o no?), lo que hace que unas preguntas se mezclen con otras.

Llega el momento en el que los antiguos se declaran supervivientes de crisis pasadas, y todo el mundo cree saber qué se ha hecho mal y por dónde podría estar la solución.

También se identifican nombres de aquellos menos indicados para liderar la resurrección, y se condenan decisiones tomadas recientemente como síntomas del camino equivocado...

Sí, se parece a lo que nos cuentan todos los días en el telediario, y quizás sea así. En todas las crisis, sea en el ámbito que sea, aparecen los mismos personajes, las mismas conductas, los mismos comentarios...

Parece los próximos meses son transcendentales. Marcarán los resultados del resto del año, seguramente para algunos más que para otros.

Pero como decían Siniestro Total, 



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Carlos Carome
Lo podemos ver por todos lados en este mundo virtual. Foros, comentarios en los periódicos digitales, etc... En cualquier lugar en el que alguien tenga la posibilidad de "expresar su opinión" respecto a cualquier tema, allí los encontrarás.

Son seres sin mucha capacidad de expresión, que antes de aparecer en el mundo virtual se limitaban a discutir con la televisión, a no escuchar las noticias completas, a insultar a los protagonistas antes de saber si era cierto o no lo que decían sobre ellos y a opinar hasta si les parece bien o no que haya gente que eche ketchup a las albóndigas.

Ahora los reconocerás en La Red porque nunca crean un tema por sí mismos, y, si lo hacen, contiene una sola frase que no empieza con mayúsculas, rara vez tiene una tilde y seguramente le falten letras a las palabras. Normalmente se dedican a responder a cualquier tema, da igual su naturaleza, de una o varias de las siguientes maneras:

  • Qué cabe esperar de un país como éste en el que...
  • Y qué esperáis con inútiles como [nombre de político]...
  • No hay derecho que sigan pasando estas cosas...
  • Pues a mi no me gusta.
  • etc...
No suelen aportar nada a la conversación, aparte de su incontenible deseo de que toda la comunidad sepa que "a él/ella no le gusta algo", sin poner ningún argumento de por medio. Y resulta curioso, porque en los lugares donde más suelen proliferar los miembros de esta superficial especie es en aquellos en los que se permiten los comentarios o la participación de forma anónima, con lo que el nivel de ridiculez al ver algo como "Anónimo: pues yo no pienso comprármelo", alcanza ya cotas insuperables.

Pero estos seres a veces se convierten en peligrosos, ya que suelen llevar asociada cierta dosis de irresponsabilidad. En muchos de los casos, sus superfluos comentarios van acompañados de descalificaciones, insultos y exabruptos de los que no son conscientes que quedan registrados para siempre. Están acostumbrados en la vida real a soltar lo primero que se les pasa por la cabeza, nunca dedicando más de 1,7 segundos a analizar la información que les acaba de llegar, por lo que en Internet se comportan de la misma manera, sembrando los lugares de opinión pública de mierda lingüística anti-cerebral que hace muy incómodo al lector intentar enterarse de lo que el resto de participantes tiene que decir.

Desde aquí yo animo a cualquier administrador de sitios públicos a exigir un mínimo de contenido en los comentarios de los participantes, habilitando si es necesario una utilidad anexa a la zona de debate, para que los que simplemente no tengan nada que aportar elijan una opción a contabilizar para fines estadísticos entre:

  • No
  • Me gusta
  • Me parece una mierda
  • Jaja
  • Eres un puto crack
  • ¿Qué esperáis con un gobierno tan lamentable como éste?
  • Me parece que el protagonista de este tema es un hijo de puta...
Y otras sandeces similares. A ver si así conseguimos que dejen de molestar.

PD: Si creéis que exagero, pasaros un día a leer comentarios de cualquier noticia en Internet de El Mundo. El tal anónimo suele estar sembrado. Plagado de premios Nobel está eso.
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Carlos Carome
Definitivamente, lo han conseguido. Mis amigos de Emiratos, como alguno de vosotros sabe, casi mi segunda casa últimamente, han confesado hoy cuánto les medía exactamente y lo han celebrado por todo lo alto.

Para ser justos hay que decir los dubaitíes, que después entre ellos no se reconocen los méritos de sus vecinos, aunque al final estén bajo una misma bandera. En realidad se consideran  casi dos culturas diferentes, o al menos, dos formas de vivir opuestas. Los abudabíes apuestan más por edificios singulares y eventos culturales y deportivos, y a los de Dubai les gusta más fardar de más grande, más alto, más difícil, más dentro del mar...

Esa obsesión por demostrar que yo puedo más que los demás es algo común. Originalmente se llamaba competitividad. Pero veamos que dice la RAE sobre esta palabra:


competitividad.
1. f. Capacidad de competir.
2. f. Rivalidad para la consecución de un fin.


La clave está en la última palabra de todas, el "fin". ¿Cuál es el fin de una fanfarronada como ésta? ¿Publicidad? ¿Salir en la tele? ¿Aparecer como el número 1 en todo lo que sea posible?


A mi personalmente me resulta raro un objetivo como ése. Es aquello como los récords Guiness famosos. ser el primero en hacer la mayor chorrada del mundo. Normalmente la mayoría aparecen por ser los primero o únicos a los que se le ocurre hacer semejante idiotez, en lugar de ser los que mejor hacen determinada cosa.


Pero de lo que no se dan cuenta es de que, aparte del espectáculo más o menos superficial que puedan aportar consiguiendo este tipo de "logros", la pregunta que deben hacerse es si el resto del mundo les envidia por ese logro o simplemente se la pela.


Porque en la mayoría de los casos, efectivamente, se la pela. ¿Existe algún ciudadano del mundo que a partir de ahora envidie a un Emiraití por el hecho de haber construido semejante monstruo?


Yo personalmente envidio la comida del norte de España y países como Francia, el clima de las Canarias u otros lugares caribeños, los paisajes de sitios como Canadá o similares, o la riqueza cultural de cualquier rincón de Europa.



Las demostraciones tipo "tengo más dinero que nadie y como no te voy a enseñar mi cuenta voy a gastármelo en algo ridículamente escandaloso para que tú lo veas"  suelen ser patéticas, y no hacen más que conseguir el efecto contrario al esperado: despertar cierta compasión por los pocos dedos de frente que manifiestan sus autores.
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Carlos Carome
Hoy es la víspera del verdadero primer día del año para muchos, el que se vuelve al curro, sobretodo si como yo se ha faltado de allí durante más de dos semanas.

Viene aquello de los propósitos, todo lo que, esta vez sí, vamos a hacer bien y de una vez, y que los intentos anteriores no valieron porque en realidad nunca nos los tomamos en serio. Yo también los he hecho otros años, algunos inconfesables por lo patético del fracaso, pero la realidad siempre me ha enseñado que por mucho que pienses en los siguientes 365 días, no tienes ni idea de la cantidad de cosas que te van a pasar ni de cómo serás capaz de afrontarlas.


Pero en este año seguramente me lo plantee de una manera diferente. Durante estos días de desconexión física y mental, probablemente he hecho la mayor y más profunda reflexión sobre mi historia y mi pasado que jamás me había planteado, y sobre cómo he llegado a ser quién soy ahora y qué ha sido lo que me ha marcado profundamente, de todo lo que me ha sucedido en estos ya 35 años de existencia.

No, no lo voy a narrar aquí. Ya lo he hecho donde debía hacerlo, y a partir de ahora lo haré más a menudo, porque ese análisis sobre lo que soy y lo que he sido, junto con este pequeño diario inconexo y discontinuo, es probablemente la única manera de llegar a ser quien me gustaría ser, es decir, de conseguir esos propósitos de año nuevo o de próximos 10 años, quién sabe.

Después de esa bajada a los infiernos, he visto a muchos de mis antiguos demonios, pero a la vez he visto que arriba, mucho más arriba, hay una luz que representa un mundo diferente al que hay dentro de mi atormentada cabeza.

Por lo tanto, y así de manera genérica, me he planteado, para mucho más corto plazo que un año:

  • Matar demonios, demasiada gente vive dentro de mi cabeza y demasiadas cadenas me atan a cosas que ya no puedo remediar, y de las que tengo mucho que aprender.
  • Derribar murallas que me rodean por todos lo flancos, y que impiden entrar a mucha gente que sé que pueden contribuir a que yo sea quién quiero ser.
  • Hablar alto y claro, tanto de mi como de lo que pienso y siento, pero sólo a la gente que sé que lo valora y que me a mi importa su opinión.
  • Seguir escuchando, mucho. Después de escuchar, quitarme de en medio, y representar en el teatrillo de mi cerebro la escena que me han descrito, poniéndome a mi como uno más de los protagonistas.
Y con eso ya tengo tarea suficiente, aunque como he dicho, algunos de ellos debo alcanzarlos a muy corto plazo, porque mi futuro depende de ellos.
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