Carlos Carome
Llevo un par de días pensando en qué enfoque darle a este post. Contenido tengo de sobra, rabia contenida aún más.

Siempre podría contar los hechos tal cual han sucedido. Podría crear una bonita metáfora sin hablar concretamente de quién y cómo.

Al final, creo que lo mejor es no contar lo que ha pasado. Hay varias personas involucradas y ante todo debo respeto, a todos menos a uno.

Coincidiendo con la visita de ese al que algunos llaman Santo Padre, prefiero hacer una reflexión.

Todos tenemos siempre una pequeña parcelita de poder: unos en casa, otros en el trabajo, otros un poco de influencia en ciertos lugares o personas... yo tengo muy claro que, haya donde esté en mi mano, y quizás arriesgando más de lo que debería, no voy a permitir jamás que retrógados, racistas, xenófobos y acomplejados miedosos de la diferencia se salgan con la suya.

Eres una persona que no debería estar en mi equipo desde hace tiempo por razones profesionales. Pero, aunque estás en el extremo opuesto de convicciones morales como muchos otros con los que acostumbras a seguir las consignas de Intereconomía y sus escorias humanas, te has ganado a pulso motivos personales e HIGIÉNICOS para que haga lo posible para apartarte de mi lo más lejos que pueda.

Lo voy a hacer, contigo y con todos los que pueda. Los que os creéis valedores de la moral DE LOS DEMÁS A LOS QUE NOS IMPORTA UNA MIERDA VUESTRA OPINIÓN, me encontraréis de frente siempre.

Y no vengáis a pedir explicaciones después. Miraros al espejo.
votar