Carlos Carome
Estamos rodeados. Aquello que hemos oído nombrar alguna vez, La Integridad Personal, escasea más de lo que parece.

Cada día me encuentro a alguien que hace lo que a él no le gustaría que le hiciesen. Aquello del "ojos que no ven, corazón que no siente". Convencidos de que el verdadero cabrón es el que desvela la tropelía, no quien la comete.

Gente que tiene dos versiones de las cosas, dependiendo quién esté delante. Dos escalas morales, la correcta, y la que le interesa.

Egocéntricos pretenciosos que piensan el 90% del tiempo en el "yo me lo merezco", pero que nunca se preguntan si el que sufre sus actos se lo merece o no.

Y todos ellos se juntan unos con otros y se dan palmadas en la espalda cuando ríen sus logros, y piensan que ellos son los que viven de verdad, porque hacen lo que quieren y los afectados no se enteran.

Mediocres, pobres de espíritu, ovejas sin carácter. Que os vaya bien.
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