Me desperté suavemente. Esa maravillosa melodía se había introducido poco a poco en mi sueño para rescatarme de él tirando de mi suavemente, convenciéndome para dejarme arrastrar fuera de la inconsciencia, segura de que ningún sueño sería mejor de lo que me espera en la realidad.
Olores suaves y florales llenaban mi habitación. La temperatura era tan ideal que daba a impresión de que no existiese el aire alrededor, que hubiese un concepto que en realidad nunca se había materializado.
Enfrente mío, increíbles manjares se me ofrecían como desayuna. Frutas de todos los orígenes y colores brillaban en diferentes recipientes, sin dejar ninguna duda del intenso sabor que contenían y de la naturalidad de su crecimiento previo a su recolecta.
La bañera estaba recubierta de rosas que flotaban sobre un agua repleto de sale relajantes, y rodeada de multitud de velas aromáticas y varios recipientes con hielo y bebidas de otros lugares.
Pero de repente, una nueva melodía, esta menos acogedora y cautivadora, sino incisiva y desconcertante cruzó toda la estancia. Comenzaron a desvanecerse los olores, los colores, las sensaciones agradables...
Después, negro. Un poco más de luz. ¿Dónde estoy?
Mierda. Es sábado y aún así tengo que madrugar para trabajar. Maldito despertador.
Olores suaves y florales llenaban mi habitación. La temperatura era tan ideal que daba a impresión de que no existiese el aire alrededor, que hubiese un concepto que en realidad nunca se había materializado.
Enfrente mío, increíbles manjares se me ofrecían como desayuna. Frutas de todos los orígenes y colores brillaban en diferentes recipientes, sin dejar ninguna duda del intenso sabor que contenían y de la naturalidad de su crecimiento previo a su recolecta.
La bañera estaba recubierta de rosas que flotaban sobre un agua repleto de sale relajantes, y rodeada de multitud de velas aromáticas y varios recipientes con hielo y bebidas de otros lugares.
Pero de repente, una nueva melodía, esta menos acogedora y cautivadora, sino incisiva y desconcertante cruzó toda la estancia. Comenzaron a desvanecerse los olores, los colores, las sensaciones agradables...
Después, negro. Un poco más de luz. ¿Dónde estoy?
Mierda. Es sábado y aún así tengo que madrugar para trabajar. Maldito despertador.

