Carlos Carome
Existen dos maneras de recorrer una espiral: girado hacia dentro, o girando hacia fuera.

Las últimas conversaciones con el cliente en Madrid parece que acababan convergiendo hacia ese punto, cerrando el abanico de dudas, todo el mundo mirando al mismo lugar, muy a pesar de los franceses.

Pero aparecieron otros franceses y nos colocaron en el punto de partida, de nuevo. Nada de lo hablado valía. Se intentó recuperar posiciones, de una manera improvisada, pero sin mucha fe en el resultado.

Los otros franceses aprovecharon el verano y rellenaron los huecos. Ahora hemos vuelto más atrás aún, un año atrás. Ellos creen que lo único que ha pasado es que han reemplazado piezas, que estamos tan cerca como al principio del verano. Pero no es así.

Esta semana han mostrado su arrogancia tras pensar que han recuperado el timón de la nave, que ellos deciden el rumbo y que se llevarán los méritos por ello.

Pero una gran ola se avecina en los próximos días, zozobraremos de nuevo.

Creo que llega el momento de buscar la manera de alejarse definitivamente de esta tripulación. Ni tan siquiera me apetece llegar a puerto con ellos y celebrar durante días la hazaña.

No me gusta nadie, desde el capitán al último marinero, ni tan siquiera el cocinero.

Los ciclos llegan a su fin, incluso en las espirales.
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1 Response
  1. Abril Says:

    Las espirales marean y al final terminas exhausto.

    Sigo por aquí. Muack