Carlos Carome
Qué lejos quedan aquellos días del paso al frente, del me ofrezco voluntario, del yo lo haré. Aquellos tiempos en los que eráis los osados, los lanzados, los temerarios, los innovadores.

Qué poco queda del espíritu joven y de las ganas de comerse el mundo.

Ahora todo son miedos, esconder la cabeza, que lo haga otro. No os esforzáis por nada, os conformáis con lo justo, no existe el riesgo, lo nuevo os da miedo y creéis que cualquier idea nueva fracasará.

No confiáis en nadie que no haya compartido con vosotros el camino, menospreciáis las aportaciones ajenas y sólo vosotros sabéis cómo son las cosas.

Contagiáis pesimismo, negatividad y decadencia. Lo arcaico, lo rancio y casposo os rodea, y repele cualquier soplo de aire fresco, de alegría, de creatividad que pase cerca.

Vivir de las rentas es vuestro más claro objetivo, aunque arrastréis el futuro de las generaciones que deben continuar con el proyecto. Proyecto, qué bonita palabra, y qué vacía de contenido en vuestras bocas.

Ahora es necesario el cambio, la renovación, que no restructuración. No hay que recolocar la gente en puestos nuevos, hay que apartarla definitivamente.

Haremos un carril de vehículos lentos para que sigáis arrastrando vuestras orgullosas panzas por el arcén mientras la vida sigue adelante sin vosotros.
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