Todos tenemos que tener un guía, alguien que con su experiencia y su conocimiento nos ayude a equivocarnos lo menos posible y lograr alcanzar los objetivos de manera más eficiente.
Nadie es capaz de avanzar sin seguir a alguien, sin fijarse en el camino marcado por otro, sin ver pisadas en el suelo o al menos haber estado observando durante un tiempo cómo los demás afrontaban problemas similares.
Pero hay veces que nuestro guía no se puede elegir. Te ponen obligatoriamente detrás de alguien y te indican que debes seguirle pase lo que pase.
Siempre es conveniente avanzar unos pasos detrás suyo, para ir pudiendo mirar a los lados y por delante de él, asegurándose de que el camino es el correcto, e incluso poder avisar de los accidentes del camino que se le pasen y puedan evitarse con un poco de colaboración.
Pero la peor situación que te puedes encontrar es que tu guía, tu líder, tu referencia, el que dirige la manada y además decide sobre tu futuro sea un incompetente.
Elige el camino equivocado, calcula mal la carga llevar, los víveres, las herramientas, la ropa, no es capaz de saber dónde está el norte, no sabe elegir un buen lugar donde pasar la noche, escoge los porteadores inadecuados, está mal preparado físicamente, y además, no acepta críticas o aportaciones del resto del grupo.
Cuando la situación se vuelve insostenible con alguien así, cuando el grupo está perdido en medio del desierto sin saber qué hacer, y el responsable de la expedición no entra en razón y por no ceder en su punto de vista sigue yendo en la única dirección que se sabe que es la totalmente equivocada, el grupo se reúne a sus espaldas y empieza a conspirar. Como la tripulación de un barco pirata desencantada con su capitán, son más las palabras no escuchadas que las intercambiadas con el mando.
Sólo queda una alternativa: si él no salta por la borda por su propio pie, seremos nosotros los que le lancemos a los tiburones.
Nadie es capaz de avanzar sin seguir a alguien, sin fijarse en el camino marcado por otro, sin ver pisadas en el suelo o al menos haber estado observando durante un tiempo cómo los demás afrontaban problemas similares.
Pero hay veces que nuestro guía no se puede elegir. Te ponen obligatoriamente detrás de alguien y te indican que debes seguirle pase lo que pase.
Siempre es conveniente avanzar unos pasos detrás suyo, para ir pudiendo mirar a los lados y por delante de él, asegurándose de que el camino es el correcto, e incluso poder avisar de los accidentes del camino que se le pasen y puedan evitarse con un poco de colaboración.
Pero la peor situación que te puedes encontrar es que tu guía, tu líder, tu referencia, el que dirige la manada y además decide sobre tu futuro sea un incompetente.
Elige el camino equivocado, calcula mal la carga llevar, los víveres, las herramientas, la ropa, no es capaz de saber dónde está el norte, no sabe elegir un buen lugar donde pasar la noche, escoge los porteadores inadecuados, está mal preparado físicamente, y además, no acepta críticas o aportaciones del resto del grupo.
Cuando la situación se vuelve insostenible con alguien así, cuando el grupo está perdido en medio del desierto sin saber qué hacer, y el responsable de la expedición no entra en razón y por no ceder en su punto de vista sigue yendo en la única dirección que se sabe que es la totalmente equivocada, el grupo se reúne a sus espaldas y empieza a conspirar. Como la tripulación de un barco pirata desencantada con su capitán, son más las palabras no escuchadas que las intercambiadas con el mando.
Sólo queda una alternativa: si él no salta por la borda por su propio pie, seremos nosotros los que le lancemos a los tiburones.


