Carlos Carome
Si ya la gente que carece de personalidad suele estar de más, acoplándose a lo que haga la gente y sin aportar nada a este mundo, nada por lo que merezcan tener más inteligencia que la necesaria para las tareas mecánicas e intuitivas, últimamente sufro los efectos de una particularización de este caso en mis propias carnes.

El directivo sin personalidad.

Es aquél que nunca ha tomado una decisión por sí mismo, y que simplemente transmite los deseos de otro, asigna personas para que se coman los marrones, y no es capaz de definir una estrategia para nada que la empresa deba afrontar.

Se limita simplemente a decir sí a su cliente o superior, a enviar un correo para asignar a alguien en una tarea engorrosa (además es cobarde y no lo hace cara a cara), y a volver a sentarse en su sitio a rascarse la barriga.

Eso sí, cuando todo salga bien, habrá sido gracias a su impecable gestión. La misma que la del mono ese que en no se cuánto tiempo escribiría una obra de Shakespeare.

PD: Sí, estoy quemado de decisiones absurdas.
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