Carlos Carome
El otro día me quedé bastante estupefacto al ir a comer a un Gino's (para los que no lo conozcan, una cadena de restaurantes de comida estilo italiano que en Madrid se puede encontrar por todos lados).

Cuando nos sentamos en nuestra mesa, entre las cartas que cada uno teníamos, vimos el siguiente aparato.


Los dibujos de los botoncitos eran claros, pero aún así le preguntamos al camarero. Nos explicó que con esos botones, podíamos llamarle e incluso pedir la cuenta.

Nos quedamos comentando la jugada, y recordé el aparato que les pusieron a los árbitros de fútbol que vibraba cuando los asistentes pulsaban un botón. 

A la siguiente que pasó el camarero le pregunté que cómo sabía él que mesa le llamaba. Nos enseñó que llevaba un reloj estilo pulsera que vibraba cuando le llamaban y en la gran pantalla aparecía el número de la mesa y si pedían la cuenta...

Ya me imaginé yo a los adolescentes vacilones puteando al camarero pulsando los botoncitos, intercambiando los aparatos de mesa, o incluso llevándoselo al otro lado del centro comercial para ver si desde allí funcionaba...

Me alegro de que mi imaginación pícara aún funcione. Pero eso sí, pobre camarero, muy simpático por cierto.
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