Ahora que todo se revela falso y perdido
y sólo fue humo y palabras,
me planteo cuál es mi destino
dentro de la cruz en la que me encuentro clavado.
Si llorar cuatro años cada noche es inevitable
y al amanecer diez toneladas de culpa me aplastan contra el colchón,
como demonios encontraré mi camino
más allá del horizonte que aún no he alcanzado.
Y siguen siendo tres las razones de mi dolor
cuatro las vidas que aún me quedan,
ninguna suficiente para vencer mi pena
y dar vida a mi moribundo corazón.
Pero mañana volveré a acercarme a ellos
levantando el escudo que forjé tiempo atrás,
dispuesto a pelear de nuevo por ella
aunque la derrota no terminará jamás.
Diez las cicatrices en un costado
quince las huellas de sus botas que se pueden adivinar,
pero nada de eso les sirve
si yo, de repente, me vuelvo a levantar.

