Carlos Carome
La inseguridad es parte de nuestra esencia, viene de regalo cuando se compra la inteligencia. Todo ser humano que asegure que no la padece nunca o miente, o en realidad no es humano. Alguien que puede obrar sin influencias de su entorno, de sus sentimientos y de las tentaciones, en todos los aspectos de sus vida, es un robot, no un ser humano.

Si nos fijamos en el resto, en los normales (a veces cuesta usar esta expresión, porque das por hecho de alguna manera que es sinónimo de "gente feliz", "sin problemas", .... cuando es todo lo contrario), quien más o quien menos amaga con cambiar de opinión antes de mover un dedo en algunas situaciones, o da un paso hacia atrás cuando unos minutos antes estaba plenamente convencido de tirarse a la piscina.

Es algo normal. La reflexión plantea la duda. Y no la hay, no suele haber reflexión, si no una fórmula matemática: 2+2 = 4.

Pero en nuestra vida el 2+2=4 está sujeto a cientos de matices, porque no existe esa situación tan definida y tan clara en la vida de los humanos.

Y como seres reflexivos, estamos sujetos a la subjetividad. Todo aquel que piensa y analiza, mete involuntariamente nuevas variables y parámetros propios de su naturaleza, experiencia o situación actual, pudiendo llegar a resultados a la derecha del "=" totalmente incompatibles con los de otro individuo.

El tiempo es otra variable importante que no suele aparecer en las matemáticas. Para alguien toda la vida 2+2 pueden haber sido 4, y eso haberse corroborado por todas sus amistades y familia, pero quizás, años después, empieza a pensar que 2+2 puede que no sean 4, o al menos siempre.

Al igual que hoy nos podemos sentir bien, con nuestros asuntos superados con y los ojos clavados en el futuro, siempre nos asalta la duda de si durará mucho la estabilidad o simplemente aparecerán nuevas variables que nos modificarán el resultado.

Cuando ya habíamos disfrutado de unos días de sol en el horizonte, la gente empezaba a hacer actividades de fin de semana y la ropa empezaba a sustituirse por algo más ligero, de repente, un día, los termómetros cambian de valor, aparece un signo "-" delante de la cifra de ayer, y todo vuelve a la situación de hace unas semanas. Vuelve el invierno, a quizás nunca se fue.

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