Carlos Carome
Hoy es la víspera del verdadero primer día del año para muchos, el que se vuelve al curro, sobretodo si como yo se ha faltado de allí durante más de dos semanas.

Viene aquello de los propósitos, todo lo que, esta vez sí, vamos a hacer bien y de una vez, y que los intentos anteriores no valieron porque en realidad nunca nos los tomamos en serio. Yo también los he hecho otros años, algunos inconfesables por lo patético del fracaso, pero la realidad siempre me ha enseñado que por mucho que pienses en los siguientes 365 días, no tienes ni idea de la cantidad de cosas que te van a pasar ni de cómo serás capaz de afrontarlas.


Pero en este año seguramente me lo plantee de una manera diferente. Durante estos días de desconexión física y mental, probablemente he hecho la mayor y más profunda reflexión sobre mi historia y mi pasado que jamás me había planteado, y sobre cómo he llegado a ser quién soy ahora y qué ha sido lo que me ha marcado profundamente, de todo lo que me ha sucedido en estos ya 35 años de existencia.

No, no lo voy a narrar aquí. Ya lo he hecho donde debía hacerlo, y a partir de ahora lo haré más a menudo, porque ese análisis sobre lo que soy y lo que he sido, junto con este pequeño diario inconexo y discontinuo, es probablemente la única manera de llegar a ser quien me gustaría ser, es decir, de conseguir esos propósitos de año nuevo o de próximos 10 años, quién sabe.

Después de esa bajada a los infiernos, he visto a muchos de mis antiguos demonios, pero a la vez he visto que arriba, mucho más arriba, hay una luz que representa un mundo diferente al que hay dentro de mi atormentada cabeza.

Por lo tanto, y así de manera genérica, me he planteado, para mucho más corto plazo que un año:

  • Matar demonios, demasiada gente vive dentro de mi cabeza y demasiadas cadenas me atan a cosas que ya no puedo remediar, y de las que tengo mucho que aprender.
  • Derribar murallas que me rodean por todos lo flancos, y que impiden entrar a mucha gente que sé que pueden contribuir a que yo sea quién quiero ser.
  • Hablar alto y claro, tanto de mi como de lo que pienso y siento, pero sólo a la gente que sé que lo valora y que me a mi importa su opinión.
  • Seguir escuchando, mucho. Después de escuchar, quitarme de en medio, y representar en el teatrillo de mi cerebro la escena que me han descrito, poniéndome a mi como uno más de los protagonistas.
Y con eso ya tengo tarea suficiente, aunque como he dicho, algunos de ellos debo alcanzarlos a muy corto plazo, porque mi futuro depende de ellos.
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2 Responses
  1. Belén Says:

    Es una muy buena reflexión...lo malo viene cuando no hay tiempo, pero eso de escuchar esalgodigno, muy digno...

    Besicos


  2. Carome Says:

    Si, también se llama madurar, pero esto se puede aplicar a otras características. Besos, maña.