Carlos Carome
Somos muchos que no creemos en las fiestas religiosas. Bueno, esa expresión "no creo en" me parece que es errónea. No se puede creer o no en un día, se cree en personas, en el valor de ciertas cosas o en una u otra ideología o religión.

Bueno, lo que pretendía decir es que no le damos el significado "oficial" a estos días: celebraciones de ciertas conmemoraciones religiosas, supuestamente ligadas a un hecho transcendental. Habrá alguno que dirá "pues entonces no deberías tener vacaciones", y yo encantado. Mientras los creyentes y yo trabajemos los mismos días al año por el mismo sueldo, que cada uno celebre lo que quiera. Estoy seguro que encontraría muchos días dignos de ser celebrados más importantes que estas historias de dioses y veneraciones esotéricas.

Cierto es que, en particular, a esta época de la Navidad se le ha dado una significación diferente. Supongo que el hecho de que las familias estén mucho más separadas ahora que en otras generaciones, hace que se utilicen estos días para esa congregación que resulta difícil el resto del año.


Otros muchos al final sacamos partido a estos días porque, aparte de los familiares, también solemos juntarnos con amigos que vuelven a su tierra natal por los mismos motivos, y además, volvemos a pasear y a salir por sitios que seguramente hace tiempo no pasábamos.

Ese es mi caso. Cada vez estoy más desligado de mis "raíces", si es que eso existe. No suelo pasar mucho por mi tierra, y cuando lo hago procuro hacerlo rápido para que resurjan muchos demonios que no me interesa recuperar.

Tengo bastantes dificultades para cerra puertas tras de mi, por lo que evito pasar por ciertas calles mentales que me tienen a mirar por ventanas de casa encantadas.
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Carlos Carome
Por lo visto una mujer con problemas mentales ayer llegó a alcanzar al mismísimo Papa y agarrarle "los cortinajes" antes de tirarle al suelo, llevándose de paso a un cardenal que salió peor parado (¡fractura de fémur!) que los otros dos protagonistas.

Unas semanas antes, otro perturbado mental, dicen, se saltó la seguridad que rodea al presidente Berlusconi y llegó a agredirle con un souvenir en plena obra de arte de la cirugía plástica, tirando por tierra horas de quirófanos y estiramientos varios que el representante del modernismo italiano número uno había derrochado en los últimos años.

¿Sólo me parece a mi extraña la coincidencia? No, no hay que analizar este tipo de noticias con la sentencia "sólo un perturbado mental se atreve a hacer una cosa así". Me parece más acertado decir "sólo los perturbados mentales parecen ser capaces de saltarse semejantes medidas de seguridad".


Estos dos personajes son seguramente de las personas más protegidas del mundo, con multitud de escoltas, agentes secretos y francotiradores en las azoteas alrededor suyo, y sin embargo, alguien que tiene problemas en distinguir la realidad de la ficción, el bien del mal y hasta a lo mejor la mano derecha de la izquierda, es el más indicado para encontrar la manera de ajustarles las cuentas o "intentar abrazarlos".

Vamos, yo me lo pensaría desde dos puntos de vista:

  • Si estuviese pagando una millonada en seguridad pesonal, me iría a un psiquiátrico para estudiar cómo impiden que los locos se escapen del edificio.
  • Si quisiese atentar contra un personaje famoso, también me pasaría por el mismo psiquiátrico para reclutar a unos cuantos pacientes, que seguramente encuentran la manera mucho más fácilmente que todos nosotros, pobres cuerdos inútiles.
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Carlos Carome
Desconexión
Relajación
Meditación
Fotos
Reconciliación
Distancia
Acercamiento
Tranquilidad
Actividad
Familia
Amigos
Reencuentros
Kilómetros
Cama ajena
Fiesta
Alcohol
Celebración
Renovación
Recuperación
Conversación
Exploración
Música
Pasado
Recuerdos
Nostalgia
Comida casera
Discusiones
Decisiones
Presentaciones
Abrigo
...
Volveré
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Carlos Carome
He conocido un niño con una infancia dividida, en dos, o quizás tres partes.

La primera parte fue la que le trajo al mundo al igual que a todos nosotros, puro, inocente, fruto de su madre y de su padre, y con toda una vida de posibilidades por delante.


La segunda vida empezó desde que esa madre se alejó de él, no volvió a oír esa voz que escuchaba cuando estaba en su vientre ni a sentir el calor de su cuerpo que lo protegía y lo alimentaba 24 horas al día. En su segunda vida ella ya no estaba. En esta vida aparecieron muchos otros como él, que también echaban de menos a sus madres, a su calor y todos lloraban juntos. Había otros adultos con ellos, algunas veces, pero no les daban calor ni sensación de protección. 

Y su última y nueva vida en parte es una continuación de la primera. De nuevo hay una madre y un padre. Vuelve a sentir el calor y el cuidado, y los otros niños que están a su alrededor lo llaman hermano y juegan con él.

Pero hay algo extraño en todo esto. Cuando habla con sus amigos del colegio le dicen que esa señora que ahora es su madre no es la misma de su primera vida. Él ya lo sabe, no es tonto, estuvo dentro de ella y sabe que no son la misma persona. Pero se da cuenta que ellos no tienen tantas vidas. Ellos tienen una sola, y la misma gente es la que ha formado parte de ella desde el principio.

Después aparecen los niños malos, y le dicen que su mamá lo abandonó. El no les cree, porque sabe que fue un niño muy bueno y no de esos llorones que hacen que las madres se enfaden con ellos y acaben muy cansadas.

Pero al final se empieza a preguntar por qué él tiene tantas vidas, y sobre todo, dónde está toda esa gente que ahora no está, sobre todo su otra madre, que lo cuidó tanto en su primera vida. Piensa que si pudiese juntarlos a todos esos niños malos del cole le tendrían envidia, en lugar de meterse con él.

En realidad no he conocido un solo niño, he conocido muchos, y todos ellos tienen varias historias parecidas. Y buscan, están buscando, para averiguar cuáles fueron sus vidas, y qué fue de aquellas personas que formaron parte de ellas.

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Carlos Carome
Hace tiempo que está en cuarentena, pasando por una etapa de reencarnación y depuración. Ha dejado de volar por recomendación médica, y se encuentra recuperándose, mientras el fruto de su vida y de la de un "histórico" de las nuestras crece sin parar y esperando que su creadora se vuelva a reunir con ella.

Ambas nos dan una lección de fortaleza y determinación, solventando una de las situaciones más difíciles que se pueden encontrar con las ganas de salir adelante y tirar del carro de sus propias vidas.


Cada vez que pienso en ellas me doy cuenta de lo lejos que me encuentro yo mismo en cuanto a fortaleza para afrontar temas más comunes que los suyos e infinitamente más insignificantes. Te da por pensar si, con la actitud que tenemos en determinadas situaciones que nos atormentan de forma casi estúpida, podríamos ser capaces de hacer lo que ellas hacen en momentos como los suyos, no sólo superando a sus cabezas ante la posibilidad de encadenar pensamientos negativos, evitar enlazar recuerdos pasados no superados y centrarse en los objetivos a cumplir con todas sus fuerzas, si no que además se plantan ante las dificultades físicas que quieren condenarlos con valentía y sin hacer caso a lo que podría escapar a la capacidad humana de superar contratiempos, y vencen.

Vencen, están venciendo y vencerán, y pronto las podremos encontrar juntas paseando por las calles de su preciosa ciudad adoptiva.

Nuestra Paloma volverá a volar pronto, estoy seguro, y la pequeña palomilla aprenderá de mano de su madre todo lo que hace falta para ser tan feliz en la vida como lo son sus padres juntos desde que se conocieron.

Un beso a las dos.
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Carlos Carome
En todo lugar, en toda casa, en todo alma, existe un profundo agujero llamado fracaso. Caer en ese agujero como consecuencia de los errores propios, puede tener consecuencias catastróficas, siempre dependiendo de la profundidad que tenga en el momento de la caída.


La sensación que produce verse una vez más en ese fondo a raíz de errores cometidos con reiteración hace ver, distorsionadamente quizás, sus paredes más altas, más lisas, más ariscas, y la luz que atenúa la oscuridad que lo domina, cada vez queda más lejos del fondo en el que te encuentras.

Además, si se ha logrado escapar de sus garras y, una vez fuera, no se preocupa uno de cubrir su boca, o, al menos, señalizarla e impedir que el accidente vuelva a suceder, de nuevo, quizás subjetivamente, su garganta se ensancha cada vez más, aumentando las posibilidades de que vuelva a tragar con más facilidad y más profundo.

Más fácil, más abajo, más oscuro.

Ese es el problema de la recaída: el fondo que se toca cada vez es más denso, más movedizo, más sepultador.

Llega un momento que las grúas son la única esperanza. Eso sí, siempre y cuando se pueda hacer oír la llamada de socorro más allá del abismo...
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Carlos Carome
Es una buena noticia, al final lo es, pero las horas previas y el hecho de que se produzca en según qué condiciones hace que el asunto sea duro.

Es la segunda vez que sucede esto en mi entorno en poco tiempo, en circunstancias muy diferentes una de otra, pero al final, la misma incertidumbre, el mismo temblor en las voces.

Soy tío de nuevo, 15 años después (menos unos pocos días, casi coinciden), y el peque ha aparecido de repente, aunque llevaba tiempo amenazando con salir a saludar. Al final lo ha hecho con bastante antelación, pero las primeras 24 horas las ha pasado muy tranquilote.


Asusta, y mucho, que un ser que está definido que necesita 9 meses de gestación quiera salir y ser independiente  mucho antes de tiempo. Seguro que en otras épocas era algo que claramente lo condenaría, pero como digo son dos los casos en poco tiempo en que han demostrado que pueden salir adelante desde muy peques.

Ahora los papis a relajarse, y a visitarlo siempre que puedan. Supongo que verlo crecer tan rápidamente como lo hacen en estas situaciones tiene que impresionar, pero a la vez debe reconfortar porque no habrá mejor signo de que la cosa va bien.

¡¡Bienvenido, Nicolasete!!
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Carlos Carome
De nuevo los rumores corren por los pasillos como flechas disparadas sin mucha puntería, y las especulaciones se convierten en el deporte nacional de la casa verde, como pasa frecuentemente desde que convivo con sus habitantes.

El "chico problema" que una vez fue batería de Los Ronaldos quiso alzarse como el protagonista indiscutible de la semana, por medio de una proclama pseudo-pública llamando a la revolución desde la puerta de salida, y calificando de completa basura todo aquello en lo que la gente pone su esfuerzo, y que él mismo aceptó voluntariamente cuando se convirtió en uno más. Pero le salió el tiro por la culata. El golpe de efecto estaba por llegar, y ha quedado relegado a un segundo plano tan abismal que incluso ha sido eliminado de las portadas antes de tiempo.


El principal candidato era una apuesta segura para los más informados y, a la vez, la opción más inverosímil para  los meros oyentes. Debido a ello, las apuestas eran diversas, unos confiados en la validez de sus fuentes, otros amparados en la lógica.

Al final ésta última parece que ha perdido la apuesta, y se ha dejado que el agujero se rellene con lo primero que caiga dentro, casi accidentalmente, como está pasando con el socavón que abrieron en la acera que rodea la sede verde, camino de los restaurantes. Y al igual que ese socavón que se "rellena con lo que cae por allí", por mucho que parezca que el hueco está cubierto de nuevo, en realidad sólo lo aparenta, ya que en cuanto se haga la mínima presión sobre ese falso relleno o se intente utilizar para apoyar algo importante, corre el riesgo de derrumbarse y que lo que esté sobre él pase a formar parte del agujero.

Pero las decisiones se toman por algo, quién sabe. Quizás el pueblo llano es ignorante, quizás es mejor que nos mantengamos ajenos a los grandes problemas que derivan en resoluciones que no comprendemos, porque, inocentes de nosotros, la vida en las altas esferas es mucho más compleja de lo que podemos imaginar.

El único consuelo que nos queda es que, todo eso que acaba cayendo por accidente en el socavón ya hacía tiempo que deambulaba por la calzada abandonado a su suerte, y, al menos durante una temporada, no entorpecerá más el tránsito normal del resto de los habitantes.



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