Carlos Carome
Hace algunos cumpleaños, mis padres me regalaron un tocadiscos. Desde que me vine a vivir a Madrid no tenía forma de reproducir todos los vinilos que compré en Valladolid, y se lo curraron buscando en estos tiempos un aparato nuevo. Consiguieron uno excelente, de los que se consideraban profesionales entonces, que supongo se utilizarán en discotecas y bares musicales.

Hoy, con el tema de la mudanza, lo he cogido en mis manos, que lo tenía semi escondido en un mueble. Tenía un LP puesto, porque lo he usado de vez en cuando.

Si mis cientos de casetes aún están aquí, pero probablemente no vean el nuevo piso, en ningún momento he considerado la idea de deshacerme de los vinilos.

Ya le encontraré lugar en nuestra nueva casa, y lo volveré a conectar todo para poder usarlo de vez en cuando, y recordar aquellos tiempos en los que la música no era digital...

¿A que parezco mayor? Jeje.
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Carlos Carome
Ellos son dos estrellas, dos protagonistas en cada cosa en la que se meten.

Nos están demostrando aún más su personalidad, su actitud y sus ganas de vivir. Su personalidad del sur nos sorprende desde el primer día, con sonrisa, con guasa, pero teniendo los pies en el suelo y actuando con la madurez y firmeza que sólo ellos son capaces.

Carácter fuerte y decidido ella, practicidad y disposición por parte de él. Y salen adelante, saldrán, y triunfarán, por muchas zancadillas que a ellos dos y medio les pongan en su camino.

Apasionados como nadie, pareja ideal, complemento puro el uno del otro, devoradores de libros, cada uno de los suyos, están juntos ahora y siempre y su pequeñina  les demostrará que es una digna heredera de su legado y carisma, y saldrá lista para tirar de ellos cuando haga falta.

Hemos ido a darles apoyo, a levantarles el ánimo, a convencerles de que hay que mirar para adelante y, al final, al menos conmigo, han sido ellos los que me han convencido de que todo va a salir bien.

Ánimo pareja. Seguimos todos ahí al lado vuestro.
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Carlos Carome
Durante unos cuantos años de mi vida, trabajé desarrollando simuladores de vuelo. Eran montones de ordenadores conectados entre sí y a una réplica de la cabina de un avión,  que se utilizan para entrenar a los pilotos antes de dejarles que jueguen con el juguete caro de verdad.

Parte del entrenamiento que facilitaba el aparato en cuestión era el de reacciones a situaciones de emergencia. Para ello, el instructor, desde su posición también llena de ordenadores y pantallas, simplemente tocando un botón podía empezar a putear al piloto que estaba siendo entrenado. Desde apagarle un motor, que le aparezca fuego en un ala o que empiece a perder altura sin explicación. Los pilotos tenían que haberse empollado antes el manual y reaccionar como estaba mandado para salvar su pellejo, y a ser posible, el juguete caro.

Pues bien, ya he explicado alguna vez que estoy convencido de que Dios no existe, y cada vez que pasa algo así me lo ratifica más. No sé quién será el hijo de puta que toca esa clase de botones en la vida real, pero hay que ser muy cabrón para hacer lo que hace, sobretodo cuando no hay procedimiento de emergencia que se pueda uno estudiar para estos casos.

¿Mala suerte? No lo creo. Para mí la mala suerte es que, de dos posibilidades malas, te toque la peor. Pero que un terremoto se lleve por delante  a tu familia el día que te ha tocado la lotería, es de ser muy hijo de puta.
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Carlos Carome
Gracias a la lamentable programación televisiva de las cadenas principales (aún no me he acostumbrado a consultar qué echan en los canales más allá del 7 que hay en la TDT, y a veces cae una peli maja), he desembocado los martes en el sustituto de mi querido House, un tal Dexter del que ya había oído comentarios, y del que sobretodo me ha sorprendido una cosa: ¡qué cara de cabrón tiene este tío!

Ya sé que es una pose, que el actor no irá con ese gesto por la calle. Pero me he planteado si la gente tiene cara de cabrón por alguna razón. Igual que hay otros que tienen cara de abobados (siempre me lo ha parecido la gente que no cierra la boca del todo, que siempre van enseñando los dientes, sin sonreír, lo siento si alguien se da por aludido), o mucha gente mayor con cara de asco continuo, o con cara de mala hostia...

Los que más me gustan son aquellos que parece que están sonriendo, cuando te hablan. Un ejemplo famoso:

Claro, y ahora viene la pregunta. ¿Yo qué cara tengo? Ya lo he comentado otras veces. Por lo que me dicen,  la primera impresión es de seco, serio, borde...

Pero vamos, el de la primera foto tiene delito...
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Carlos Carome
...ordenar...recoger...empaquetar...tirar...seleccionar...clasificar...
encontrar...examinar...guardar...recordar...

Poco a poco, pero mucho.

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Carlos Carome
Todos los cambios de ritmo, tienen algo bueno.

Normalmente, sean para aumentar la velocidad o intensidad, o para bajarla, representan un cambio de dirección, un romper con la rutina y la monotonía que hacen ver las cosas desde un punto de vista diferente. Incluso si el cambio ha sido a peor, siempre se puede sacar la lectura positiva de la experiencia y el conocer el otro lado de las cosas.

Tengo dos amigos que últimamente han sufrido ese cambio de ritmo, en direcciones contrarias. Ambos lo han materializado en el tema laboral, pero al final, el trabajo determina gran parte de nuestras vidas, por lo que el resto de su quehacer diario se ha visto afectado.

El primero ha pasado de una gran empresa a una mucho menor. Es un cambio que conozco bien, porque yo mismo lo viví en mis carnes. Normalmente el puesto en la empresa pequeña es más atractivo como tal. Mejor sueldo, más control de tu trabajo, posibilidades de promoción si todo va bien, contacto directo con la dirección... pero lo que se ve cuando se entra allí es lo que verdaderamente diferencia a una pequeña de una grande. El tamaño de los proyectos es menor, también el del los clientes, por lo que el margen es menor, el tiempo para hacerlos también y el presupuesto ridículo. Todo esto sumado es igual a estrés, mucho estrés. Lo que en una grande son 3 años aquí es 6 meses. Eso sí, con el mismo número de reuniones de jefes por encima tuyo.



El segundo, con el que he pasado hoy una tranquila tarde de terrazas por el centro de Madrid, ha dado el paso contrario. Ya salió de una pequeña para irse a una grande, pero en su caso no es el cambio de ritmo más significativo. Para él, ha sido dejar de trabajar para una empresa (un jefe, un cliente, unos objetivos anuales) para ser su propio jefe y repartirse él el trabajo y los objetivos. Ahora se levanta a la hora que quiere, trabaja las horas que necesita o le convienen y adapta su agenda según sus prioridades vitales. Disfruta de libertad para reunirse en terrazas y restaurantes, y no soporta la presión de un contrato de trabajo delimitado por horas.



Suena bien. Yo le veo bien. Pero hoy nos hemos planteado... ¿hasta cuándo? No porque quiera volver a su vida anterior, ni por asomo, pero tiene mi edad, y sabe que si no se plantea volver a una empresa en un plazo determinado, ya nunca lo hará.

Porque el paso atrás, el volver a cambiar el ritmo, coger la velocidad frenética de un trabajo regido por objetivos que no dependen exclusivamente de ti, es algo que no se puede hacer de 0 a 100 en 2 segundos. Cuando empezamos a trabajar o a hacer cualquier otra actividad, avanzamos gradualmente en nuestro ritmo, y al final podemos llegar a alcanzar nuestro tope.

Pero si dejamos de ir a la velocidad alta que nuestra mente nos permite al menos ocho horas al día durante una larga temporada ¿seríamos capaces de volver a subirnos al estrés de la vida diaria sin consecuencias?

Repito, yo le he visto muy bien, y algún famosete con quien hemos compartido terraza hoy, bastante mejor.
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Carlos Carome
Me voy a vivir un loft. Y hoy se me ha ocurrido mirar la definición en Wikipedia de esa palabra.

Me ha gustado, coincide con lo que busco, coincide en su mayoría con lo que voy a tener.

Me gusta mucho.

En menos de un mes estaré allí.

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Loft amueblado
Un loftdesván o galería es un gran espacio con pocas divisiones, grandes ventanas y muy luminoso.
El origen del “loft” lo encontramos en la ciudad de Nueva York en los años 50, principalmente en tres de sus barrios: Tribeca, Soho y el Barrio Oeste. Estas zonas fueron las grandes protagonistas de una industria floreciente y más tarde olvidada.
La necesidad de grandes espacios y las rentas elevadas de pisos y apartamentos hizo que las fábricas y almacenes en desuso cobraran un gran protagonismo para ciertos sectores de la población. En un principio los utilizaron estudiantes y artistas de una forma más o menos clandestina; con el tiempo fueron rehabilitados y adaptados a restaurantes, tiendas, estudios de pintura o fotográficos y galerías de arte. Rápidamente su uso se trasladó al ámbito domestico, convirtiéndose en viviendas de lujo, espaciosas y confortables que invitan a la calma. En la actualidad, las viviendas tipo loft se han convertido en todo un fenómeno social que se traduce en una forma de vida vanguardista y de alto nivel.
Cuando no se dispone de metros cuadrados suficientes para crear una estética loft, deben conectarse las zonas visualmente y se ha de atender a las siguientes premisas:
  • Es de estilo minimalista, donde los acabados son dados principalmente por los materiales de la misma construcción en estado aparente, consideradas de tipo económico.
  • Que sea una vivienda abierta y sin muros.
  • Que haya una funcionalidad en el mobiliario en todos los aspectos pero sin renunciar al confort.
  • Que haya una altura considerable en los techos o de no haberla, que se cree sensaciones de altura a través de la decoración y los acabados.
  • Que haya una ausencia de puertas, utilizando preferentemente puertas correderas en caso de ser necesario, la division de espacios es creada por cambios de nivel, texturas y colores.
  • El sistema constructivo predominante son los marcos rígidos, constituidos por trabes y columnas de hormigón y/o acero; cuya función sea cubrir grandes claros con uso de poco material y la sustitución de tabiques por otros elementos divisorios como muebles (sillones, libreros), plantas, paneles, laminas metálicas o de madera, vitroblock o cristal, etc.
  • Que los espacios estén inundados por luz natural: ventanas, vanos amplios, espejos.
  • Luminosidad en los materiales utilizados.
  • Sensación espacial: continuidad espacial visual conseguida mediante el pavimento, esquemas de color, etc.
  • Que los materiales utilizados le confieran un cierto aspecto industrial.
  • El programa arquitectónico de estos espacios es principalmente de: sala-comedor, cocineta, área de lavado, recámara y/o alcoba-estudio y de acuerdo al sector cultural al que sea enfocado el diseño se pueden implementar otros espacios, por ejemplo, jardín interior, taller, área de meditación, etcétera.
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