El traidor es un ser despreciable, que te sonríe cada mañana cuando te ve y te mete la mano en la cartera al mínimo descuido, que reclama aquello a lo que cree tener derecho y roba lo que no es suyo.
El traidor suele estar motivado, premiado, ya que el riesgo que corre es alto. El riesgo no solo incluye que se quede sin la posibilidad de seguir robando, si no que además perdería el acceso al sitio donde robaba.
El traidor es un ser pequeño, escurridizo, experto en el camuflaje y que se cree apto para el camelo de la gente. Presume de dotes de seducción y cuida su imagen, y eso a veces le delata, le hace destacar.
Según va aumentado la complejidad de sus robos, el traidor se va haciendo cada vez más pequeño, insignificante, camuflado detrás de su naturaleza baja y moral repugnante, va adquiriendo sus pequeños botines entre sombras y cloacas, para llevárselos a su nuevo Dios, ése que lo tiene pillado para siempre, en sus manos, bajo su bastón de mando.
El traidor se equivoca, piensa que así está mejor que nunca. Conserva lo que siempre tuvo, incluso reclama sus derechos, y además es mimado fuera de allí, recompensado. No puede tener más de lo que le dan.
Hasta que es descubierto, cazado, disparado en pleno asalto a la confianza de los suyos, con las manos sucias, saltando la valla. En ese momento la realidad le aborda. Descubre que era vigilado desde hace tiempo, que su poder no era tal, si no que simplemente ha ayudado a conseguir pruebas para su condena. Y es condenado. Y crucificado. Pero reclama la ayuda de su benefactor, de aquel que lo motivó al delito, de ése que lo recompensaba por su osadía y dedicación.
Pero el instigador ahora no asume responsabilidades. Su riesgo nunca estuvo claro, ya que jamás salió a la luz cuando aquello se ejecutaba. Desde atrás, siempre, le gritaba "Ánimo, valiente, eres mi preferido". Es más, no sólo no lo reconoce como uno de los suyos, si no que ¿Cómo va a cometer el error del que se aprovechó que cometiesen otros? ¿Cómo va a confiar ahora en un ser tan insignificante y rastrero como el traidor? ¿Va a poner en sus manos lo que ha conseguido robar?
Jamás.
Solo. El traidor está solo. Y crucificado. Junto a los ladrones.
El traidor suele estar motivado, premiado, ya que el riesgo que corre es alto. El riesgo no solo incluye que se quede sin la posibilidad de seguir robando, si no que además perdería el acceso al sitio donde robaba.
El traidor es un ser pequeño, escurridizo, experto en el camuflaje y que se cree apto para el camelo de la gente. Presume de dotes de seducción y cuida su imagen, y eso a veces le delata, le hace destacar.
Según va aumentado la complejidad de sus robos, el traidor se va haciendo cada vez más pequeño, insignificante, camuflado detrás de su naturaleza baja y moral repugnante, va adquiriendo sus pequeños botines entre sombras y cloacas, para llevárselos a su nuevo Dios, ése que lo tiene pillado para siempre, en sus manos, bajo su bastón de mando.
El traidor se equivoca, piensa que así está mejor que nunca. Conserva lo que siempre tuvo, incluso reclama sus derechos, y además es mimado fuera de allí, recompensado. No puede tener más de lo que le dan.
Hasta que es descubierto, cazado, disparado en pleno asalto a la confianza de los suyos, con las manos sucias, saltando la valla. En ese momento la realidad le aborda. Descubre que era vigilado desde hace tiempo, que su poder no era tal, si no que simplemente ha ayudado a conseguir pruebas para su condena. Y es condenado. Y crucificado. Pero reclama la ayuda de su benefactor, de aquel que lo motivó al delito, de ése que lo recompensaba por su osadía y dedicación.
Pero el instigador ahora no asume responsabilidades. Su riesgo nunca estuvo claro, ya que jamás salió a la luz cuando aquello se ejecutaba. Desde atrás, siempre, le gritaba "Ánimo, valiente, eres mi preferido". Es más, no sólo no lo reconoce como uno de los suyos, si no que ¿Cómo va a cometer el error del que se aprovechó que cometiesen otros? ¿Cómo va a confiar ahora en un ser tan insignificante y rastrero como el traidor? ¿Va a poner en sus manos lo que ha conseguido robar?
Jamás.
Solo. El traidor está solo. Y crucificado. Junto a los ladrones.








