Carlos Carome
Duermes, te veo, te observo, te tengo delante aunque no estoy allí. Tú en tu casa, yo en la mía, y sin embargo te veo. Intentas relajarte de una semana dura, como todas últimamente.

Me gusta verte así, tranquila, recuperando, desconectada del día a día, sin grandes preocupaciones para mañana.

Respiras despacio, profundo, tu cara se relaja, tu cuerpo se recoge en sí mismo, y tus párpados caen.

Te acompaño con música. De vez en cuando abres los ojos para comprobar si sigo allí.

Tranquila, no me voy, sigo ahí contigo.

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Carlos Carome
Absolutamente nada, eso es lo que has conseguido por tirar por el camino del medio, el fácil, el rápido, el sencillo. Sencillo para ti, pero ahora todo se vuelve aún más complicado. En lugar de arreglar, estropeamos más.  Lo que parecía evidente, no lo es tanto, la solución a todos los problemas, seguramente origine muchos más nuevos y, ojalá no, más graves.

¿Y cuál será tu actitud ahora? ¿Has quemado tus cartuchos y te retiras? ¿No puedes hacer más?

¿Y qué hay del resto que dejas a tu paso? ¿Quién se hace responsable de eso? ¿Cuál es el plan ahora para que todo mejore?

Existen siempre muchas maneras de hacer las cosas, y los movimientos, en función de cuál sea su objetivo, definen las consecuencias que tendrán al final. Si se confunden los objetivos, pagan justos por pecadores.

Parece que no ha pasado nada, que todo sigue igual. Que simplemente lo has intentado y no te ha salido bien.

Pero si lo que intentas es alcanzar un fruto en lo alto de un árbol, y tu solución, en lugar de poner una escalera y acercarte a él, es tirarle piedras hasta que caiga por si sólo, corres el riesgo de estropear a golpes el mismo fruto, y que, lo que tanto dices desear, no caiga antes de que se haga de noche. Tú no pierdes nada, pero el fruto sale bastante mal parado.


Si hubieses acertado a la primera, todo hubieses sido fantástico. Plan perfecto. Pero los planes incluyen las situaciones adversas. Debemos ser responsables de nuestros actos, y saber que, si hace falta irse hasta el pueblo a por una escalera y cargarla hasta el árbol, habrá que hacerlo, con tal de no destrozar el resto sin conseguir nada.

Pero claro, para eso hay que tener claro que nuestro pequeño esfuerzo, el paseo hasta el pueblo, merece la pena, porque lo único que nos importa es el fruto del árbol, y además intacto. ¿O no?
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Carlos Carome
Acabo de presenciar una escena al lado de mi casa que nunca entenderé.

Una mujer de cuarenta y tantos años se ha dirigido a su coche. Lo tenía aparcado pegado a una esquina, lo justo para taponar totalmente el lugar donde el bordillo de la acera disminuye para facilitar el acceso a las personas que se desplazan en silla de ruedas. Era un mercedes, no de los grandes, un Clase A.

Antes de subirse a él a hecho dos gestos comunes en nuestras ciudades, a cada cual más despreciable. Primero a tirado al suelo la colilla que se estaba fumando y, acto seguido, ha cogido un papel de publicidad que había sujeto con el limpiaparabrisas al cristal delantero de su coche, y también lo ha lanzado al suelo sin miramientos. Sí, cinco metros la distanciaban de la papelera más próxima, pero no creo que se haya percatado de nada que no fuese ella misma y su coche.

¿Cómo educará esta persona a sus hijos? ¿Será capaz de corregirlos cuando actúen IGUAL QUE ELLA? ¿Si se viese en vídeo cambiaría su actitud?

Lo dudo mucho.
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Carlos Carome
La Piel como estímulo para buscar el contacto
La Piel como retiro en el que esconder el cansancio
La Piel como alimento para mis necesidades fundamentales
La Piel como refugio en el que me siento seguro
La Piel como tensión que anticipa el duelo
La Piel como nexo entre dos entes
La Piel como lectura de tu mente
La Piel como cuadro en el que ver tu esencia
La Piel como cultura que me enriquece cada día
La Piel como pensamiento que me acompaña desde el amanecer
La Piel como filosofía en la que baso mi existencia
La Piel como dedicación plena cuando está cerca de mis dedos

Tu piel.
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Carlos Carome
Imagínate tener algo a tu alcance que te ofrece lo siguiente cada vez que lo reclamas:
  • Sobredosis de ánimo, algo revitalizante que funciona al instante, por muy bajo que sea el punto de partida cuando lo alcanzas
  • Desconexión del mundo, aislamiento, alejamiento, sea lo que sea que te ha preocupado durante el resto del día
  • Independencia, libertad, autonomía para no preocuparte de nada más que de ti mismo, eres diferente y único.
  • Orgullo, te sientes privilegiado, tienes un tesoro.
  • Emociones intensas, sentidos potenciados, ritmo en las venas, sentimiento de vida.
  • Fuerza, rabia, intensidad.
Imagínate que tienes la posibilidad de disfrutar de todos estos efectos suyos y muchos más todos los días, sin barreras, sin costes no asumibles, sin implicaciones negativas para los tuyos.

Cuando alguien tiene algo así, es difícil no caer en la adicción, en el exceso, en el abuso. El autocontrol es importante siempre.

Yo lo tengo, pero sé que hay otra gente que lo tiene, pero en otras naturalezas, en otras manifestaciones, pero la misma esencia, con algún matiz en sus virtudes.

Llámalo vía de escape, pasión, refugio, revulsivo, ... se le pueden aplicar multitud de calificativos, pero al final, los que lo tenemos, lo sabemos aprovechar.

Quizás los demás no es que no lo tengan, si no que no saben que lo tienen y no lo saben utilizar.
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Carlos Carome
No eres para mi lo que crees ser, porque no te reconozco como tal. En realidad no está en ti la decisión o capacidad de cambiar la realidad. Uno puede ser lo que quiere ser para sí mismo, pero nunca para los demás. 

Jamás serás, si yo no quiero que seas. Jamás te convertirás en algo. Por mucho que te esfuerces. No eres lo que haces, eres lo que has sido. Y esa es la clave. Parecer no es ser, querer no es conseguir.


Estás lejos de significar lo que imaginas, no hace falta que lo digas tantas veces en voz alta. No te servirá de nada.
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