Carlos Carome
El protagonista de la película de terror, después de correr precipitadamente de manera descontrolada, tropezando varias veces, y estando a punto de ser alcanzado por los muertos vivientes en más de una ocasión, se condena a sí mismo en una cabaña abandonada en medio de la oscuridad del bosque, y utiliza cualquier mueble que encuentra a mano para bloquear puertas y ventanas de manera rudimentaria. A su lado, había corrido su novia, confiando en que él sabría encontrar el camino que les permitiese escapar, o un refugio seguro donde esperar ayuda.


Temblando, nervioso, se giraba de manera convulsiva en todas las direcciones intentando controlar todos los ángulos de su frágil escondite. Ella, agachada a su lado, se tapaba la cabeza con sus brazos intentando controlar su pánico.

De repente, comienzan a golpear las paredes, las puertas y las ventanas, haciendo ceder las patéticas barreras y asomando brazos y piernas entre las grietas.

El asustado protagonista comienza a disparar su escopeta sin control, en todas direcciones, alcanzando tanto a zombies como a policías y vecinos que ya acuden a su socorro...

Minutos después, ningún monstruo de los que le perseguían quedaba en pie, pero él seguía disparando a todo lo que se movía. Cegado ya por su histeria, era incapaz de escuchar a los policías que por medio de megáfonos le exigían que bajase el arma. Su novia, a su lado, le suplicaba que parase, que todo había terminado, que podrían salir de allí. Pero él gritaba que no le cogerían vivo.

Un final terrible se avecinaba.

Segundos después, cuando las voces se callaron en el exterior, ella se asomó tímidamente por una de las ventanas. No se veía a nadie, todo estaba tremendamente tranquilo. Había cadáveres por todos lados. Le pareció ver varios cuerpos con uniforme tumbados en el suelo, más alejados de la casa de los que reconoció como los muertos vivientes de los que huían.

Se volvió de nuevo hacia su pareja. Vio esa cara desencajada, la escopeta humeante y los ojos de loco y supuso lo que iba a pasar a los pocos segundos...


Cuando vio la marca de la mirilla láser en la frente del que había sido su novio hasta ese momento, retrocedió, se alejó de él todo lo que pudo, y se tapó los oídos esperando el desenlace...
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1 Response
  1. Carome, hacía mucho que no me pasaba por sitios estupendos como este; problemas de salud me lo impidieron hasta hace relativamente poco tiempo. Me he pasado a leerte un ratito y así recuperarte. Me alegro mucho de saludarte, y te mando un fuerte beso con sabor a guindas...

    Belén.