Carlos Carome
Como suena, cura y ateo.

Una persona encargada de predicar la palabra del señor, de conducir al rebaño por el buen camino y de mantener la moral desde su púlpito, en realidad no cree en nada de lo que dice, ni tan siquiera en la máxima de su discurso, la existencia de Dios.


De hecho tampoco acostumbra a predicar mucho su palabra entre los feligreses, si no que simplemente les aconseja que salven su culo antes de nada, y que no miren hacia atrás cuando salgan corriendo de una tienda sin pagar.

Eso sí, forma parte de la conferencia episcopal y dirige los temas religiosos y la estrategia de la iglesia en su comunidad, dando consignas sobre cuál debe ser el camino a tomar para una mejor comunión entre feligreses y obispos.

Pero después, en la distancia corta, cuando nos son tan altas las personalidades con las que comparte mesa, o cuando imparte su doctrina al humilde ciudadano, su discurso se torna oscuro y pesimista, y procura borrar cualquier mínimo rastro de esperanza o devoción en cada humilde alma, intentando que la masa se convierta en algo gris y espeso que se conforme con una existencia triste y pueril, para que no le compliquen la vida más de lo que ya hicieron.
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2 Responses
  1. Abril Says:

    Lamentablemente gente así son los que nos dicen lo que tenemos que hacer, y con ello representa que nos guían. Desorientan, deprimen mas que aportar.

    Pero no hay que dejarse llevar, y pensar en lo que hace uno mismo, en lo que cree y en como actúa y no perder la esperanza...torres mas altas han caído.

    ;)


  2. Un buen amigo, ateo hasta los tuétanos, estudiaba Magisterio después de rendirse ante Arquitectura y su profesor de Religión, cura de la vieja escuela pero simpático y resultón, le dijo:
    - Tienes que estudiar Teología, hacerte profesor de Religión.
    - Pero si soy ateo! - contestó.
    Y le respondió el cura:
    - ¿Y? Por lo menos sabes de Religión. Son mucho más dañinos los que predican Fé sin saber de qué hablan.

    Si no hay nadie que sepa y crea, prefiero al que sólo sabe antes del que sólo cree.