Carlos Carome
Si hay algo complicado para lo que se tiene que demostrar actitud en la vida, es para avanzar en determinadas situaciones en las que no queda más remedio que hacerlo a ciegas, con confianza, sin tener claro que nos espera unos metros más adelante.


Como un conductor solitario en la noche que de repente se ve envuelto por una niebla espesa que no le deja adivinar si el asfalto seguirá allí delante en los próximos segundos, nos encontramos muchas veces ante tal situación en nuestra carretera particular: se confía en que todo transcurrirá según sería normal que suceda, según hemos pensado que es lógico, según deseamos que pase, pero no hay nada que nos asegure que no hay un socavón delante de nosotros, que nos trague y eche por tierra todos nuestros planes e ilusiones.

Es en esos momentos en los que hay que tener esa fuerza de voluntad que hace lograr que los retos a largo o medio plazo puedan alcanzarse. Cuando las montañas a escalar parecen mucho más altas de lo previsto, y los barrancos a saltar se ven claramente mucho más profundos y mortíferos, es la confianza en la voluntad propia y en lo que debe ser lo único que nos impulsa a tomar unos pasos de impulso y ponernos manos a la obra.

Pero nunca hay que confundirse e intentar saltar con los ojos cerrados, para evitar el miedo. Al contrario, la clave del proceso es hacerlo con todos los sentidos alerta, de manera que sepamos reaccionar a los imprevistos del camino a tiempo y, si la cosa al final no funciona, haber aprendido lo suficiente para la siguiente vez que se intente.
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1 Response
  1. Abril Says:

    mmmmm...cuanta razón tienes....

    ¡¡¡abriremos bien los ojos para verlo todo!!!

    ;)