Carlos Carome
Demasiados puntos débiles en la fortaleza, demasiada distancia entre las esquinas, muchas puertas y ventanas, multitud de posibilidades para que el enemigo intente entrar.


Y un sólo centinela tiene el encargo de proteger la construcción, entera, con todo su valioso contenido.

Responsable, encargado y sin posibilidad de renuncia.

Los demás se han ido, no van a venir a ayudarle, pero confían ciegamente en que cumpla su encargo, su cometido, su deber.

Pero no se rinde, conoce sus obligaciones y le enorgullece que hayan pensado en él para algo tan complicado. A pesar de todo, tiene momentos de pánico, oye sonidos por todos lados y hace semanas que no duerme. Sus manos tiemblan cuando levanta el fusil asustado porque cree que ha visto una sombra moverse... su cabeza ve fantasmas... sus piernas no responden con la inmediatez del principio...

Está en las últimas, pero sigue en su lugar. Le sigue quedando grande el encargo, pero jamás lo reconocerá.
votar
Va de: