El título de este post, es una frase de una canción de Manu Chao.
Acostumbro a quedarme con algunas frases de canciones y libros, como enganchadas en mi cabeza, darles mi propio significado y rodearlas de una historia personalizada.
Yo la interpreto de una manera muy personal, y en una ocasión que la utilicé como "mensaje de estado" en una herramienta de chat, alguien dio otra versión alternativa. Era alguien del mundillo de las motos, y directamente me preguntó si me había caído con la mía o algo parecido.
El sentido que le doy yo a esta frase es el de que, cuando te encuentras en un mal momento, ya sea bajo de ánimo, con problemas personales o cuando tu condición es de las más desfavorecidas, ya sea económicamente o laboralmente, cualquier cosa, por muy pequeña sea, que te suceda, te hace sentir el calor del abismo.
Cuando estás cerca de la total derrota, cuando andas por el borde del abismo con frecuencia, tienes la sensación de llegar a perder el equilibrio por última vez, y las llamas se hacen notar en tu piel casi como si te estuviesen tocando definitivamente.
Por el suelo, el infierno quema, y cuando casi no te queda nada que perder, tu mirada se desvía hacia abajo sin poder evitarlo, y es más difícil luchar contra ese impulso que el propio esfuerzo necesario para volver a coger la altura necesaria para separarse del averno.
Acostumbro a quedarme con algunas frases de canciones y libros, como enganchadas en mi cabeza, darles mi propio significado y rodearlas de una historia personalizada.
Yo la interpreto de una manera muy personal, y en una ocasión que la utilicé como "mensaje de estado" en una herramienta de chat, alguien dio otra versión alternativa. Era alguien del mundillo de las motos, y directamente me preguntó si me había caído con la mía o algo parecido.
El sentido que le doy yo a esta frase es el de que, cuando te encuentras en un mal momento, ya sea bajo de ánimo, con problemas personales o cuando tu condición es de las más desfavorecidas, ya sea económicamente o laboralmente, cualquier cosa, por muy pequeña sea, que te suceda, te hace sentir el calor del abismo.
Cuando estás cerca de la total derrota, cuando andas por el borde del abismo con frecuencia, tienes la sensación de llegar a perder el equilibrio por última vez, y las llamas se hacen notar en tu piel casi como si te estuviesen tocando definitivamente.
Por el suelo, el infierno quema, y cuando casi no te queda nada que perder, tu mirada se desvía hacia abajo sin poder evitarlo, y es más difícil luchar contra ese impulso que el propio esfuerzo necesario para volver a coger la altura necesaria para separarse del averno.



Cuando estás en esa situación solo te quedan dos opciones, o dejarte llevar por ese impulso que te arrastra hacia el infierno, hacia la nada, o una vez has llegado abajo empezar a remontar, yo siempre prefiero la última.
un beso