Carlos Carome
Ayer asistí por la mañana a un acto de esos de entrega de diplomas al aire libre (más de 2.500 en este caso), rodeado de familiares de los protagonistas que se empeñaron en ir a coger sitio 2 horas antes, por lo que el asunto se convirtió en varias horas de pie como una vela.

Más allá del acto en sí, lo que marcó mi mañana (después de haber dormido poco la noche antes, debo confesarlo), fue el escuchar continuamente, por no tener otra cosa que hacer, la verdad sea dicha, las conversaciones sin contenido y la cháchara generalizada de los que estaban a mi lado.


Madres, tíos y abuelas nerviosas por la emoción del momento soltaban frases una y otra vez, totalmente sin sentido ni relación entre ellas, repetidas hasta la saciedad sin importar si alguien escuchaba o no.

Nunca he comprendido esa obsesión que tienen algunas personas por hablar, hablar sin parar, como si en realidad tuviesen pánico al silencio. Palabras, una tras otra, sin contar nada, repetidas, siempre las mismas, sólo por hablar. Supongo que por rellenar el silencio, por llamar la atención, porque alguien esté pendiente de ellos, por compartir algo de su vida, aunque no sea interesante en lo más mínimo, aunque en realidad sepan que no les están escuchando y que dentro de unos minutos la otra persona no recuerde ni una sola palabra de las pronunciadas.

Hablar por hablar, opinar de cosas que no conocen, sacar conclusiones absurdas por ver detalles que no significan nada, estar seguros de la razón de por qué alguien ha hecho algo o a decidido, explicar lo inexplicable, meter baza en cualquier asunto que les rodee...

Creo que hay gente que pasa demasiado tiempo a solas con la televisión...



cháchara. 
(Del it. chiacchieraen pronunciación infl. por ciacciare).


1. f. Conversación frívola. 
2. f. coloq. Abundancia de palabras inútiles. 
3. f. pl. Baratijas, cachivaches.


De la RAE
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