El monstruo respira, acosa, intimida. Está vivo.
Algunos pensaron que había desaparecido, que había sido eliminado, quizás amaestrado. Pero estaban equivocados.
Ha deambulado por el pueblo, ha dejado la marca de sus garras en las fachadas de sus casa y ha devorado animales indefensos.
Ahora llega el momento de solucionar el problema de una vez por todas, sin medias tintas, para evitar que, una vez más, las víctimas sean humanas, previsibles y siempre después, reconocidas como previamente evitables.
Algunos pensaron que había desaparecido, que había sido eliminado, quizás amaestrado. Pero estaban equivocados.
Ha deambulado por el pueblo, ha dejado la marca de sus garras en las fachadas de sus casa y ha devorado animales indefensos.
Ahora llega el momento de solucionar el problema de una vez por todas, sin medias tintas, para evitar que, una vez más, las víctimas sean humanas, previsibles y siempre después, reconocidas como previamente evitables.


