Carlos Carome
He descubierto una nueva afición, o una modificación de una antigua al que mis prioridades y ocupaciones actuales había dejado un poco abandonada.

A raíz de mis continuos viajes de trabajo, muchos de ellos sin compañía, acabo comiendo y cenando en restaurantes en mesa de uno, sin otra ocupación que la de intentar pillar conversaciones ajenas en idiomas lejanos, o contemplar parejas multiraciales y multiculturales compartiendo una pizza.

Ya hace tiempo me acostumbré a salir de mi habitación con un libro en la mano cuando me dirigía a los restaurantes. Otra gente se lleva el ordenador, no sé si para leer cosas de trabajo o para hacer lo mismo a través de internet, pero no me parece lo más apropiado.

Leo mientras espero los platos. Leo comiendo.

Coloco los platos, cubiertos y otros utensilios que poblan la mesa de manera que dejen sitio al verdadero protagonista, el libro, y me las ingenio para sujetar las páginas en las que sigo el relato mientras tengo las manos ocupadas partiendo un filete o empujando la pasta con un trozo de pan.

Y lo disfruto, y mucho. Con el murmullos del resto de comensales alrededor, con el ir y venir de los camareros y con los perfumes gastronómicos del lugar en el que me encuentro.

De vez en cuando levanto la mirada, y la gente ha cambiado, pero en realidad me vuelvo a meter en seguida en mi historia, mi mundo, que no es el de los que me rodea y en el que no hay idiomas, culturas o países que me distancien de los coprotagonistas.

Y aunque parezca mentira, de esta manera consigo sentirme más en casa que tratando de prestar atención a las películas de Joselito en el canal internacional de nuestra televisión española, o intentando compartir las noches y ratos de ocio con los que, al fin y al cabo, en la inmensa mayoría de los casos, no son más que compañeros de reuniones que tendrían contacto conmigo si no fuese de esa manera.

Y hoy, cenando, he acabado un libro, y, al no haberme traído más para este viaje que aún se estirará hasta el próximo miércoles, me da la sensación de que mañana mismo debería volverme a casa, ya que no queda nada aquí que me sirva para mantener ese vínculo que me indica que queda poco para la vuelta.

Bueno sí, está internet, y esa forma nueva de contactar que hemos descubierto, y que al menos nos hace posible vernos, hablarnos y sonreírnos.

Ya queda menos.
votar
Va de:
1 Response
  1. emegotta Says:

    Maravilloso mundo el de los libros que nos ayuda a imaginarnos cosas que nunca veremos.