Esta mañana, ya de vuelta al tajo desde ayer, en una reunión con compañeros de proyecto, ante la pregunta de nuestro jefe a un responsable de uno de los trozos del bicho que tenemos entre manos (también llamado cacharro, monstruo y apelativos similares), sobre la situación del mismo, él ha contestado: "me han dicho que está algo mejor que ayer".
Creo que a todos nos ha venido la misma imagen a la cabeza, porque hemos reaccionado de la misma manera. Nos lo hemos imaginado como un paciente en la UCI de un hospital, y nos hemos reído un rato con la imagen.
Y la verdad es que es así, un proyecto o un sistema a estas alturas de proyecto, muy cerca de la entrega y con dificultades importantes se asemeja bastante a un paciente... hay veces que parece que lo pierdes del todo y se intenta reanimar, se estabilizan sus constantes vitales, de repente empieza a sangrar por un lado, el corazón se para... vamos, que el pasillo de ingeniería en una jornada de de fase final del proyecto es como un episodio de House... en el que se opera de gravedad con frecuencia y se hacen trasplantes, transfusiones, amputaciones y demás pruebas médicas... y sí, también la gracia está en encontrar el diagnóstico correcto...
Quizás, en otras fases de la vida de un monstruito de estos, las imágenes que lo reflejen sean otras. Al comienzo es como una familia en la que hay un nuevo rico, uno de estos que toda la vida ha vivido con lo justo, y de repente esta forrado hasta las trancas. Como un toreo o un futbolista que les paga los caprichos a los padres y a los hermanos. todo el mundo quiere venir a cenar a casa, todos tienen ideas de cómo usar el dinero y sólo se ven sonrisas por los pasillos.
Después hay otra fase en la que te das cuenta de que el cliente tenía una idea muy diferente en la cabeza de lo que al final creías que se le había vendido, y no haces más que tener reuniones y reuniones, hacer presentaciones dando palos de ciego, y rehacer y rehacer documentos. Es como descubrir la vida secreta que en realidad lleva tu pareja, y enterarse de que no trabaja donde te dijo, tiene una amante, dos hijos secretos y que prácticamente se levanta por las noches para irse a dormir con la vecina. Te tienes que replantear tu vida desde el principio...
Y otro de los momentos estelares es aquel en el que los directores del proyecto se dan cuenta de que falta muchísimo más de lo que pensaban para acabar, y se ha gastado infinitamente más de lo que se calculó a estas alturas. La situación es similar a ésta: "Papá, Mamá, estoy embarazada".
Nunca olvidaré lo que un consultor americano nos comentó del otro lado de esas situaciones, el que va tapando la mierda hasta el último momento, el que no para de contestar durante el año mientras sigue sonriendo: "Bien, bien, vamos bien. Está terminado ya el 80%". A esa táctica el consultor la llamaba "perfumar el cerdo". Buenísimo.
En definitiva, digno de contar, como ya lo hacen genios como Dilbert y grandes aprendices como mi ex-compa en Sinergias sin Control (no os fiéis de las últimas entradas, que está de vacas).
Una convivencia difícil, con muchos matices, e infinidad de anécdotas.... por no hablar de los personajes...
Creo que a todos nos ha venido la misma imagen a la cabeza, porque hemos reaccionado de la misma manera. Nos lo hemos imaginado como un paciente en la UCI de un hospital, y nos hemos reído un rato con la imagen.
Y la verdad es que es así, un proyecto o un sistema a estas alturas de proyecto, muy cerca de la entrega y con dificultades importantes se asemeja bastante a un paciente... hay veces que parece que lo pierdes del todo y se intenta reanimar, se estabilizan sus constantes vitales, de repente empieza a sangrar por un lado, el corazón se para... vamos, que el pasillo de ingeniería en una jornada de de fase final del proyecto es como un episodio de House... en el que se opera de gravedad con frecuencia y se hacen trasplantes, transfusiones, amputaciones y demás pruebas médicas... y sí, también la gracia está en encontrar el diagnóstico correcto...
Quizás, en otras fases de la vida de un monstruito de estos, las imágenes que lo reflejen sean otras. Al comienzo es como una familia en la que hay un nuevo rico, uno de estos que toda la vida ha vivido con lo justo, y de repente esta forrado hasta las trancas. Como un toreo o un futbolista que les paga los caprichos a los padres y a los hermanos. todo el mundo quiere venir a cenar a casa, todos tienen ideas de cómo usar el dinero y sólo se ven sonrisas por los pasillos.
Después hay otra fase en la que te das cuenta de que el cliente tenía una idea muy diferente en la cabeza de lo que al final creías que se le había vendido, y no haces más que tener reuniones y reuniones, hacer presentaciones dando palos de ciego, y rehacer y rehacer documentos. Es como descubrir la vida secreta que en realidad lleva tu pareja, y enterarse de que no trabaja donde te dijo, tiene una amante, dos hijos secretos y que prácticamente se levanta por las noches para irse a dormir con la vecina. Te tienes que replantear tu vida desde el principio...
Y otro de los momentos estelares es aquel en el que los directores del proyecto se dan cuenta de que falta muchísimo más de lo que pensaban para acabar, y se ha gastado infinitamente más de lo que se calculó a estas alturas. La situación es similar a ésta: "Papá, Mamá, estoy embarazada". Nunca olvidaré lo que un consultor americano nos comentó del otro lado de esas situaciones, el que va tapando la mierda hasta el último momento, el que no para de contestar durante el año mientras sigue sonriendo: "Bien, bien, vamos bien. Está terminado ya el 80%". A esa táctica el consultor la llamaba "perfumar el cerdo". Buenísimo.
En definitiva, digno de contar, como ya lo hacen genios como Dilbert y grandes aprendices como mi ex-compa en Sinergias sin Control (no os fiéis de las últimas entradas, que está de vacas).
Una convivencia difícil, con muchos matices, e infinidad de anécdotas.... por no hablar de los personajes...


