Carlos Carome
Dicen que para los coches no es bueno. Llegar al límite del depósito de gasolina, del espacio dedicado para la reserva. Que eso hace que se arrastre la suciedad que siempre hay dentro y que llega al motor, pudiendo estropearlo, no es recomendable apurar.... eso dicen.

Pero yo creo que en otras situaciones sí lo es. Mucha gente lo hace con el deporte, se desfogan, llegan al límite. Un esfuerzo extremo cada cierto tiempo hace que bajes a la humildad, al máximo de la vulnerabilidad, a vivir esa situación de no saber si podrás dar un paso más, a pensar que en ese momento cualquiera que decidiese aprovecharse de ti tendría las de ganar.

Al final, de alguna manera, queda una sensación de bienestar. Cuando las energías vuelven a recuperarse, el cuerpo toma una impresión de continua mejora. Cuando se descansa llegando agotado, el día siguiente parece más placentero. Quizás sólo es cuestión de contrastes.



A lo mejor eso nos sirve. Nos dedicamos a martirizarnos, a hundirnos, a agotarnos en un espacio de tiempo corto e intenso, para después sentir la recuperación, la subida, la vuelta a la tranquilidad.

Puede que sólo nos engañemos, pero funciona.

Tirarse de cabeza para poder volver a subir. Llevado a la inversa, escalar una montaña alta para después poder disfrutar de un salto impresionante, deslizarse por una pendiente de nieve o resbalar por un tobogán de agua.

Sufrir voluntariamente hasta el agotamiento, para disfrutar de la recuperación. Buscar el límite, y tocarlo con la punta de los dedos.
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2 Responses
  1. Eso me suena jajajaja
    Besos desde mi alma insomne.


  2. Belén Says:

    Yo tb opino que no es bueno, aunque a veces no te queda otra...

    Besicos