Carlos Carome
Hoy ha tocado en el curro pasar por el médico. Predestinados hace meses en día y hora en función de nuestro primer apellido, uno tras otro hemos pasado a visitar al que, antaño, solía llevar bata blanca.

El día anterior tenías que pasar a recoger el botecito para rellenar con las ganas de recién levantado, y que, en el plazo de tiempo que pasa desde que llegas a la oficina hasta que te toca consulta, la gente se las ingenia para camuflar su aspecto y su color de la vista ajena, y propia.

Una vez allí, risas en la puerta y comentarios sobre la escasa habilidad del enfermero de turno con la aguja, para poner nervioso al personal antes de cruzar la puerta. Varios eran los testimonios y las imágenes de días precedentes en las que se mostraban las secuelas del "simple pinchazo".

Te toca, entras, dos facultativos te esperan al otro lado de la mesa. A un kilómetro de distancia en pelota picada seríamos capaces de diferenciar al médico del enfermero, y más éste último, que parecía haber venido contra su voluntad a hacer ese trabajo por el que ha estudiado tanto tiempo, como un niño obligado a visitar a la tía abuela ingresada en el hospital.

Mientras el soso elige una etiqueta para tu botecito secreto, empieza el interrogatorio a ritmo de pasapalabra. Nombre, teléfono, bebes, fumas, operaciones, alergias, vacunas.... si vas concentrado y con las respuestas pensadas de antemano, puedes batir el récord absoluto y salir de allí en menos de 45 segundos. Eso sí, dependiendo de si el as de la vena perdida tiene que hacer uno o varios intentos para rellenar más botecitos con otro color muy diferente.

Algodón pertinente, camisa remangada, sales de la consulta con una sonrisa porque sabes que fuera tus compañeros están muy atentos a la cara con la que vuelves a aparecer por detrás de la puerta.

Pero esto no ha acabado ahí. Un par de horas después vuelves a pasar por el lugar. Primero "la alegría de la huerta" te vuelve a repetir esas preguntas sobre si fumas y bebes y tal (que parece tu madre el domingo por la mañana cuando estabas en plena adolescencia) sin mover prácticamente  los labios, pero como varias de ellas ya las has oído esa misma mañana, estás preparado y bajas tu mejor tiempo en el total de respuestas.

Después te hace el jueguecito ese de pon los ojos aquí que te puteo un poco. Hay variantes diferentes. Hoy hemos mirado circulitos de colores buscando números ("¿De verdad tenemos que repetir esta prueba? Soy igual de daltónico que el año pasado") y después la de agudeza visual, en este caso circulitos abiertos por un lado sólo. Se echó de menos la de los sonidillos  izquierda y derecha... iríamos mal de tiempo. Sí, si, que no me han medido a pesar de tener allí la maquinita, ¡¡que me lo ha preguntado directamente!!

Y por último, el rollo de quítese la camisa y respire hondo. Empiezan a pegar la oreja a tus carnes  y a palpar como si esperasen encontrar a alguien viviendo ahí dentro. Me pregunto si alguna habrá sido informada de que está embarazada por este mecanismo...

En resumen, la mayoría bien, y lo que estaba mal, como el rollo de los colores, pues vamos, que lo sabía hace años. No he sido premiado con la expresión de "tienes sobrepeso" como otros, pero básicamente porque le he dado yo mi altura y en la tabla le ha cuadrado bien "esa" altura con el peso que tenía.... ;O)

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3 Responses
  1. Jejeje. Otro año que me abstengo de visitar al banderillero, que he visto algunas de sus obras maestras.


  2. TATO Says:

    Yo de alguien a quien igual hay que cortar el brazo


  3. TATO Says:

    Yo se de alguien a quien igual hay que amputar el brazo...