Carlos Carome
Hay dos formas de apreciar los efectos de la evolución en la vida.

El primer efecto es ése que se manifiesta en lo que nos rodea, en la tecnología y en la sociedad. Avances, novedades técnicas que dan servicios nuevos a la comunidad. A la vez, la propia sociedad se adapta a esas nuevas oportunidades, consigue mayor y mejor información, o más rápida, y modifica su comportamiento en consecuencia. Se podría decir que el gran ser que es la humanidad, aprende, coge experiencia, y evoluciona.

Por otro lado, está la evolución con respecto al humano como individuo, no como parte de una masa. Cada uno nos creamos nuestro propio camino y tomamos las decisiones que nos hacen tomar una dirección u otra en los cruces. De esa manera determinamos por dónde podremos circular, y evitamos rutas para siempre.

Quizás estas últimas decisiones son las que van formando el carácter, la personalidad, los valores, la ideología, la actitud contra la sociedad en definitiva. Y, de alguna manera, también nuestra relación con la evolución de la masa, la que se produce estemos o no estemos nosotros.

Como dos grandes placas tectónicas deslizándose en direcciones opuestas, cuando ambas evoluciones se rozan de manera contraria, se producen temblores, terremotos y grietas en la superficie. Los habitantes de los alrededores se ven afectados y muchos sufren sus consecuencias de manera drástica.

Cuando una de ellas es mayor, probablemente la resistencia que la menor oponga a su modificación la haga resquebrajarse y convertirse en escombros.

Hay ciertas personas que no aceptan la evolución de su entorno, de la mayoría, y no sólo no dejan que el resto disfrute de las novedades del pensamiento colectivo, si no que intentan que la placa tectónica que se mueve en sentido opuesto se detenga. Pero cuando es una mayoría la que piensa que se acabó el moverse en una dirección arcaica, anticuada e inútil, su resistencia puede terminar en temblores realmente peligrosos.

A mí me parece muy bien que haya personas que en su vida, esa que no nos afecta a los demás en nada, conserven sus creencias, sus ideologías y sus costumbres, por muy ridículas que parezcan cuando son expuestas a la luz. Quizás eso les aporte una sensación de seguridad que les sea suficiente para salir a la calle todos los días sin cagarse en los pantalones. Pero los demás queremos mirar hacia adelante, conversar entre nosotros de nuevas posibilidades y ver mundo. Desde el momento que somos la mitad más uno los que opinamos de la misma manera, la placa de mayor peso se moverá. Así que no conviene interponerse en su camino, por el bien todos.

Respeta, y respetaremos. Acepta que no llevas razón, escucha por una vez en tu vida, y de puertas para dentro de tu casa, haz lo que te de la gana. Pero si quieres vivir en esta comunidad, adáptate a la evolución.
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