Carlos Carome
El día que te caigas del pedestal al que ya te subiste hace tiempo, te vas a abrir la cabeza.

No descansas. Día tras días nos deleitas con tu prepotencia, orgullo y sobredosis de autoestima, y nos ofreces un sinfín de ocasiones en las que admirar tu gran sabiduría y envidiar tu gran suerte.

De verdad, e hace difícil soportar ser un mierdecilla como nosotros estando a tu lado, bajo la sombra de tu impresionante porte y deslumbrados por la cegadora luz de tu grandeza.

Pequeños, diminutos, insignificantes nos sentimos los demás cada vez que entras allí donde estemos.

Nunca nos cansaremos de escucharte, de alabarte, de bendecir el momento en el que nos permitiste estar a tu lado.

Pero eso, ten cuidado, porque la hostia que te vas a meter un día como te caigas de ahí arriba va a ser de espanto.
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3 Responses
  1. Jorge Says:

    Jeje, al hilo de eso quizá te interese mirar, por desgracia, el Efecto San Mateo


  2. Belén Says:

    O no, igual ni se cae...

    Besicos


  3. TATO Says:

    CAerá ... algún día caerá....