Carlos Carome
Después de pasar varios días viendo lugares nuevos, conociendo gente fantástica y compartiendo y aprendiendo con ellos, después de disfrutar de la naturaleza, el mar, la montaña, las tormentas, después de levantarme todos los días descansado y acostarme con sueño, después de comer a la hora que apetecía y lo que me apetecía, después de dar largos paseos y subir y bajar por rocas y caminos, después de todo esto... vuelves a casa y te dicen que mañana todo tiene que volver a "la normalidad", a lo que es lógico, a lo que hay que hacer. Madrugar, trabajar "al menos" ocho horas, discutir, pelear, aguantar atascos, comer en 45 minutos...

¿Eso es lo normal? ¿Para eso estamos aquí?

Tenía un amigo en el instituto al que llamaban "El Niño", porque en la pandilla de su barrio era el más joven, aunque en realidad en el instituto, al ser repetidor, era el que más abultaba de todos. Aparte de ser mi principal proveedor musical en aquellos años locos (lo que se llega a vivir en pocos años de instituto...), también era una especie de iluminador ideológico, alguien muy maduro para su edad, y que no dudaba en entablar complicadas conversaciones con el profesor de filosofía o de ética que, al resto, al menos nos divertían.

En una de ellas, preguntaba al profesor de turno qué sentido tenía todo el plan de vida que nos explicaban allí. Debíamos estar en clase, dando lo mejor de nosotros, seis horas diarias, más las horas que de cada asignatura se esperaba que dedicásemos en casa cada día. Todo para luego ir a la universidad y currar bastante más, con objetivo de, unos cuantos años después, salir con un título que nos permita encontrar un trabajo digno, de al menos ocho horas al día, en el que empezaremos cobrando una miseria y poco a poco iremos ganando en dignidad.

Y todo esto hasta los 65 años.



Cierto, debíamos estudiar para después encontrar un buen trabajo. Ése es el objetivo. Estudiar para trabajar. Algo falla. ¿El objetivo en la vida es trabajar? Espero que no. Porque si es así somos gilipollas. Y si no es el objetivo ¿por qué nos dedicamos a ello tanto tiempo en nuestra vida?

Por supuesto que es lógico que por medio del trabajo tengamos lo que necesitamos, que no nos van a regalar nada. Pero que eso sea el centro del universo no tiene ningún sentido. Es como si todos los días fueses a disfrutar de una buena película o concierto y para dos horas de entretenimiento, a diario, hicieses cuatro horas de viaje de ida y otras cuatro de viaje de vuelta. No debería hacer falta trabajar tanto para conseguir tan poco, lo justo. El mismo caso que el sueldo de los deportistas. Dicen que hay que pagarles tanto a ellos porque son los que generan esas millonadas (¡más de 400 millones de euros anuales de presupuesto en el Real Madrid y en el Barcelona!). Reduzcamos los beneficios de esas operaciones comerciales por ley, y veremos si deben ellos cobrar tanto...

En definitiva, cosas que rechinan en vísperas de un lunes de vuelta de las vacaciones.

Mi amigo creo que no consiguió entenderlo. Entre esa confusión y la que le debió generar todo el hachís que se fumó en el instituto, decidió dedicarse a leer las cartas del tarot a la gente en las fiestas medievales de los pueblos vestido con una túnica, o por lo menos así lo encontré la última vez que lo vi.



¡Espera! Quizás no es que se le haya ido la pinza. Quizás es que ha conseguido vivir sin trabajar 8 horas al día 330 días al año y el estúpido sea yo...
votar
2 Responses
  1. Abril Says:

    Entonces creo que somos unos cuantos los estúpidos, o quizá deberíamos preocuparnos menos por lo que se llaman "las responsabilidades del adulto" y aprender a vivir de otra forma.

    Tienes razón, yo tampoco lo entiendo, algo no encaja...


  2. Belén Says:

    No quiero ofender, pero no te quepa la menor duda... el que está equivocado eres tu... y yo, y el del frente...

    Voy a llorar

    Besicos