
¡Qué bonito es el derecho de libertad de opinión en nuestra sociedad! Cualquiera puede opinar de cualquier cosa en cualquier momento. Una suerte, que no tienen en otros lugares no tan lejanos.
Pero el significado de la libertad de opinión se entiende mal muchas veces, y otras tantas, se utiliza para manipular. Se manipula tanto por el que la manifiesta, como por el que la recibe e interpreta.
En muchos casos se confunde la libertad de opinar sobre algo con la libertad de juzgar a alguien o alguno de sus actos. Hay mucha diferencia entre el "yo no haría lo que tu has hecho" y el "eres muy mala persona por hacer eso y te mereces un castigo". Ejemplos sobre esto se ven todos los días (uy, bendita televisión). Si todo el mundo fuese consciente de estas diferencias, no habría ningún problema en que saliesen a todas horas energúmenos diciendo gilipolleces a diestro y siniestro. Siempre he pensado que la información es un derecho y un deber, y por lo tanto nada de lo que diga otra gente debería ser tan peligroso como para impedirle publicarlo. Cuestione lo que cuestione, defienda lo que defienda. Prefiero suponer que la gente tiene dos dedos de frente para distinguir la opinión de la manipulación, en lugar de estar preocupado porque nadie diga nada alarmante y que pueda comer el tarro a los que me rodean. Y si no es así, avisadme, que no quiero correr el riesgo y me voy a otro lado. Porque sería muy triste.
Eso me lleva a la otra visión, la utilización de las opiniones. Primero, deberíamos analizar quién está opinando sobre qué. A mí personalmente me la suda lo que opine sobre mi vida la gente que no me importa (y no he dicho "gente que no conozco", si no gente que no me importa). De la misma manera, lo que diga un cantante famoso sobre la política de un país no debería tener mayor transcendencia, o escuchar una opinión de un futbolista sobre la independencia de Cataluña. El hecho de ser alguien famoso no debería suponer mayor relevancia al contenido de su opinión que el de la de cualquiera de nosotros, sobre un tema que no tiene nada que ver con su popularidad, a no ser que tengamos miedo de que la admiración que tengamos a un individuo sobre su habilidad para dar patadas a un balón pueda hacernos creer que tiene razón en todo lo que opine. Si creemos que una persona conocida por ser bueno en un aspecto de su vida (un deporte, un arte, una habilidad) se convierte en un ídolo, al que hay que seguir en todo lo que diga, el problema lo tenemos nosotros, no el que habla. Si es así, es que no hemos entendido en absoluto lo que es la democracia y la libertad de opinión. Supongo que la gente prefiere que piensen sobre ellos que tienen dos dedos de frente antes que ser tomadas por puras marionetas.
Unos de los que más sobrestimados están actualmente en cuanto a la trascendencia de su opinión personal son los periodistas. Un periodista tiene como tarea principal informar, descubrir hechos de interés para el gran público y sacarlos a la luz de la mejor manera posible. Se les puede suponer una cierta capacidad debido a que manejan mayor información que el ciudadano medio, pero eso en absoluto les hace expertos en algo, ni mucho menos le da más valor a su opinión sobre un suceso de dominio público que a la de cualquiera del resto de los mortales. Para mi el caso es similar a los profesores de universidad. Saben del mucho de una materia porque han estudiado, conocen toda la teoría. Pero eso en absoluto les hace ser buenos ingenieros informáticos, por ejemplo, ya que no se dedican a ello, si no que simplemente son profesores. Existen otra serie de habilidades a desarrollar para ser un profesional en algo, más allá de tener la información, por muy completa que ésta sea. Me interesa la opinión de un futbolista sobre un equipo, no la de un crítico. Me interesa la opinión de los directores sobre las películas, la de los cocineros sobre la cocina, y la de los escritores sobre los libros. La de un lector más, me interesa menos que la de un amigo lector.
Decía un amigo mío hace muchos años (Pablo, va por ti) que pensaba que su voto no debería ser igual de válido que el de otro ciudadano que no se preocupa en absoluto por la política, que no tenía opinión propia, que simplemente seguía a uno de los rebaños mayoritarios. Tampoco creo que haya que llegar a esos extremos. Como muchas cosas en esta vida, creo que todo se arreglaría con educación. Si desde pequeños estamos acostumbrados a escuchar sin prejuicios, a analizar las cosas con objetividad y a pensar antes de hablar y actuar, creo que todo esto se evitaría.
Pero sí, da la sensación de que ahora mismo hay mucha gente que se deja guiar, que no se preocupa del porqué de las cosas, sino solo de quién lo ha dicho, para decidir si se suma a una opinión o a la otra... ¿por comodidad? Triste.
La de problemas que nos ha dado eso a lo largo de la historia... siempre aparece algún aprovechado, como el de la foto.