Carlos Carome
La comunicación es la base de todo. Es la base de la humanidad como tal, su esencia, y es la base de la tecnología de nuestro tiempo.

Un humano que no es capaz de comunicarse se convierte en un ser vivo, ni tan siquiera un simple animal (yo me entiendo de maravilla con mi perro), aislado del resto de sus semejantes.

Las máquinas actuales basan su revolución en la comunicación, con el hombre, entre ellas... las máquinas modernas hablan, escuchan, reaccionan, entienden....

Cuando la comunicación falla, o se encuentra deteriorada, los problemas salen por todos lados: malentendidos,  información adulterada, decisiones erróneas, confusión, caos... 

Y eso vale para ambos, humanos y máquinas.

Un humano que no escucha o no habla con propiedad es un ordenador con una conexión lenta a internet, un iPhone en el que el SW no responde a las peticiones de su dueño, un servidor de correo caído...

Hoy lo he dicho varias veces, y lo vuelvo a repetir una vez más: el 85% de los problemas (humanos o técnicos) se deben a una mala comunicación.

Seguro que alguien no me estaba escuchando tampoco antes.


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Carlos Carome
A todos nos sorprendes situaciones ridículas, en las que la burocracia o los procedimientos toman estúpidamente más importancia que la actividad o el objeto en sí.

Nos resulta inconcebible que no tener la firma correcta en una autorización, anule una escucha como prueba pericial en un juicio, en la que alguien se declare culpable de los más terribles asesinatos.

Es irracional que se ponga un límite genérico de velocidad a las carreteras, siguiendo unos criterios de hace 40 años, y para vías totalmente diferentes unas de otras, simplemente para ahorrarse el trabajo de analizar las condiciones una por una.

Quien no ha tenido una conversación con su madre en la que ella argumentaba de alguna manera que las cosas de tu habitación  o las del salón deben estar colocadas de la manera en que sea más fácil para ella limpiar, no de la manera que sean más útiles para usarlas. Como colocar el mando de la tv siempre encima de ella en lugar de la mesa al lado del sofá, o apilar tus apuntes, papeles, revistas, etc... en una esquina de la mesa, en lugar de poder saber dónde está cada uno.

Son miles los ejemplos que se me ocurren. En el mundo laboral, profesional o de las administraciones podemos  encontrar los grandes colmos de estas situaciones. Procedimientos de autorización para realizar una tarea que llevan más tiempo y esfuerzo que la tarea en sí, o normas de seguridad aplicables de una manera tan ilógica que hacen imposible la ejecución de la actividad que pretenden asegurar.

Estoy convencido que todo esto esconde gente que no entiende el objeto de su trabajo, quizás con aspiraciones policiacas, y que no dedica más de 15 segundos en pensar alternativas que supongan un mayor esfuerzo por su parte, a pesar del beneficio que a los demás y a la razón de su existencia que se podrían obtener. Vagancia, pereza, incapacidad, autoritarismo, soberbia... quién sabe. Cada caso será diferente. ¿O no?
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Carlos Carome
Se terminó el año. Al fin. Se terminó un año en el que triunfó el pesimismo. Todo se tiñó de gris y los agoreros consiguieron que, a base de repetirlo una y otra vez, el desastre se consumase. Nos hemos dejado arrastrar durante meses hacia ese agujero que, en realidad, al principio de todo, no existió, pero que por medio de esa hipnosis mediática del pánico inducido, hemos acabado por crear entre todos.

¿Y a quién elegimos para que nos saque de él hoy? A los mismos que lo crearon. Aquellos que nos inculcaron el modo de vida ultra-ambicioso y establecieron la religión de la especulación como algo por encima de la moral y la ética, ahora han sido los designados para indicarnos el camino que nos lleve a salir de un pozo cavado por ellos mismos.

¿Y qué consejos nos han dado? Quedarnos en casa. No movernos. No arriesgar. Quedarnos quietos. Sin hacer ruido. Comer poco. No viajar. No hablar con otras personas. No pensar. No imaginar. No crear. Si no gastas, tienes más. El problema es cómo conseguirás lo que necesitas pasado mañana, cuando se te acabe lo que tienes hoy.

Pesimismo. Tristeza. Retroceso. Tonos grises. Eso es lo que dijeron que iba a pasar, durante años, y eso es lo que nos dicen que hay que asimilar, y por mucho tiempo. Todo puede ir a peor. ¡No salgas de casa!

Pero yo me resisto. Seguramente haya comenzado el año más importante en mi vida. De hecho, si las cosas van medianamente bien, mi vida será muy diferente al final de este año.

No pienso quedarme sentado. No pienso contagiarme de la apatía ante las supuestas malas noticias. No colaboraré a fomentar el desánimo.

Afortunadamente ya ha comenzado este año, y va a ser fantástico.
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