Carlos Carome
Soy de esas personas que abogan por no lamentarse por las cosas que no tienen solución, no obsesionarse con los problemas que no se pueden resolver y centrar los esfuerzos en caminos más constructivos que auto-complacientes.

Pero hay veces que las situaciones te hacen tener presente continuamente en la cabeza el problema que no puedes abordar, y, en mi caso, esa situación se da con la distancia.

Vuelvo a tener actividad  viajera, y salir de mi casa ahora mismo se convierte en una situación en la que piensas "que todo siga igual hasta que vuelva". Y hay veces que, casualidades, las cosas se tuercen o se complica, cuando estás a miles de kilómetros de distancia, sin que ese hecho tenga nada que ver con la complicación surgida.

No es tu ausencia la razón del problema, pero si el que la solución sea más complicada.

En tu vida tienes dos tipos de responsabilidades: las personales y las profesionales (y estas últimas se convierten en una de las primeras por la necesidad de tener que trabajar para vivir). Nos empeñamos en orientar la consecución de las personales adaptándolas a las profesionales. La prioridad debería ser la contraria.

Como decía antes, trabajamos porque tenemos una necesidad y nuestra obligación personal para con los nuestros, cuando los tienes, es ofrecerles seguridad. Pero la herramienta no debe ser un obstáculo para la solución.

De nuevo parece que el sentido de la vida que buscaban los Monty Python es trabajar. Y en lugar de trabajar para poder comer, volvemos a comer para seguir trabajando.

Y esto me recuerda a un fantástico documental sobre la enseñanza tradicional y la alternativa, y las raíces de la primera que llevan  plantear la segunda. Os lo dejo más abajo.

Porque sí, todo se cambia desde la educación, todas las aberraciones culturales del pasado que ahora no aceptaríamos, se cambiaron con la educación.

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Carlos Carome
Seguimos con el mismo cuento: forzar que el resultado sea justo, en lugar de fijarnos en cómo se hace la competición.

En lugar de poner los mecanismos para que la selección de las personas no discrimine a nadie por su sexo, raza, religión o color de pelo, vamos a forzar a que el resultado sea que haya una persona de cada sexo, raza, religión o color de pelo, la que sea, pero que sea de este color.

Fantástico.

Es decir. En lugar de que alguien se fije en esas características para tomar una decisión que debería ser objetiva, le forzamos, no sólo a que se fije en ellas, si no  a que las elija exclusivamente por eso.

Y es que desde los organismos públicos cuesta mucho más trabajar en educar y asegurar la justicia en los procedimientos, y la honradez y la integridad, que en "solucionar" problemas por la vía rápida.

Hubo que prohibir fumar en sitios públicos para que se dejase de molestar conscientemente, hay que prohibir beber en la calle para no tirar basura al suelo, hay que poner bolardos para que no aparquen en las aceras, hay que publicar sus cuentas privadas para que los políticos paguen impuestos...

"Lo siento, dada la demografía del lugar, al menos debe haber un bar regentado por un musulmán, así que te ha tocado a ti."

Seguimos creando una sociedad basada en parches sobre lo que no funciona bien. El dirigente piensa exclusivamente en los próximos cuatro años, y nadie plantea que hay que limpiar el moho que se acumula desde las escuelas, impregnado por la televisión y la superficialidad.

Si no sois buenos ciudadanos, vamos a forzar que lo parezca, por el que dirán.

Muy cortos de miras.
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Carlos Carome
Lo cuento como experiencia propia. Me lo esperaba, pero al final salió bien la jugada (o no tan mal como pintaba).

Viaje relámpago a Barcelona. De sábado a domingo. En avión. Vueling la mejor opción. Su página acompaña una pestaña para alquilar coches.

Una vez introducidos los parámetros, mi sorpresa al ver ofertas de coches gastos incluidos) por 5 ó 7 euros. Leo y releo. Me espero la trampa.

Al final parece ser que el seguro tiene franquicias muy altas y por muchas cosas, aunque por otros 8 euros ofrecen librarte de tales franquicias.

Me arriesgo.

Al llegar a Barcelona, sorpresa agradable: los trámites los hace la misma ventanilla de Europcar.

El muy amable empleado me explica la realidad de lío en en el que me estoy metiendo. Me dice que lo que parece como opcional y no consta a pagar en ventanilla, es un servicio de repostaje obligatorio, por el que te cobran más de 30 euros, más la gasolina del depósito, que la pagas sí o sí.

Total a pagar más de 80 euros incluyendo la silla del niño.

Eso sí, asistencia en viaje no incluida. Si tenías un problema y te tenían que ir a buscar, 250 euros más.

Amablemente el empleado me explica que lo que hace la gente al darse cuenta es calcular cuanto le cuesta el coche equivalente con Europcar y anular el otro.

Y así hicimos.

Así que dejo aquí constancia de un nuevo casos de duros a cuatro pesetas, que se decía antaño.




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