Carlos Carome
Cansado estoy ya de escuchar a los patriotas. Patriotas de bandera en el coche, en la pulsera, en la camisa, el collar del perro... Patriotas que sólo lo son cuando juega la selección, cuando salta un inmigrante la valla, cuando un albano-kosovar atraca un chalé, cuando una rumana pide en la calle, o cuando ven africanos en la sala de espera de la sanidad.


Ser patriota es siempre hacer lo mejor por tu País. Pero tu país no es el territorio donde vives, ni el trapo ese de colores del que alardeas a todas horas. Tu País es la gente que convive contigo.

Ser patriota es pagar tus impuestos, tus multas, no llevarse el dinero fuera de aquí, no aparcar en doble fila, no cobrar el subsidio del paro sin tener derecho, recoger las mierdas de tu perro de la calle, votar en conocimiento de qué es lo mejor para todos, no simplemente por tener pre-seleccionados a los buenos y a los malos...

Preocuparte por tu País es ser crítico con el que te gobierna, gobernar sin beneficio extra propio, gobernar para ayudar a los que tienen dificultades, dar trato prioritario al que lo da a la mayor parte de la ciudadanía, no utilizar los bienes comunes para unos pocos...

Hay millones de cosas que se pueden hacer si crees que eres patriota, que te preocupas por tu País, por los que viven contigo, más allá de buscar enemigos y defender las putas fronteras.

Aquél que dice ser patriota debe serlo en entornos más pequeños. Lo que tú consideras que es ser patriota, debe ser aplicable a tu comunidad de vecinos. Si lo único que te importa de ella es la guerra con el portal de al lado, que no entre nadie que no sea vecino en las casas ajenas y el que el número de la calle se vea muy grande sobre la puerta, pero no te hablas con los vecinos y dejas la bolsa de basura en cualquier lado, no has entendido nada.


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Carlos Carome
Se habla mucho de la desconexión o el distanciamiento de la ciudadanía con respecto a la clase dirigente, o los políticos. Dos mundos diferentes. Allí donde viven los que te dicen cómo debes vivir y con qué. Dos realidades, como aquello que nos vendían del cielo y la tierra cuando escuchábamos el rollo de la religión.

Sobre ellos, el modelo del concejal de urbanismo creo que es el que se ha extendido a toda la política. Te doy el contrato a ti, a cambio de lo mío, y pon un parque en esta esquina para que me voten mañana. Todo el mundo gana.

Eso es lo que se hace ahora en general. Dentro de las opciones, elijo ésta que además me reporta algo a mi. Ya me preocuparé de hacer que la gente vea que le favorece, en algo (El Gobierno gastará 2,5 millones ...).

Pero últimamente yo siento desconexión con más cosas. Quizás mi situación personal, que ahora mismo me absorbe el 100% de mi tiempo fuera del trabajo, y el trabajo, que no me absorbe el 100% del tiempo de mi jornada laboral,  me hacen pensar que me da bastante igual lo que pasa lejos de mi círculo personal.

Por un lado por la sensación de que no puedo influir en su mejora, por otro lado por no identificarme con los que dicen luchar por su cambio (obsesión por poner las banderas por delante de las ideas, jamás iré a la sombra de una bandera).

Ganas de hacer cosas, de implementar ideas, de cambiar de rumbo... el deseo de que llegue ese pequeño (me conformo con uno pequeño) golpe de suerte que me de respaldo durante unos meses de aventura hasta poner las semillas.

Y a todo lo demás, que le jodan. Ni me va ni me viene. Creo que he abandonado el bien común. Pero no en el sentido anti-sistema ni anti-social ni anti-nada, si no más bien llegando al límite del respeto por las decisiones de los demás, por su estilo de vida, por sus iniciativas, pero desde la más absoluta indiferencia.

Es decir. Información selectiva. Jardín privado. Familia extensa de la que ocuparse. Como un pequeño estado independiente que debe negociar con el resto para proveerse y abastecerse.

Relacionándome por necesidad, no por deseo. Pero tranquilo. Que es lo importante.
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Carlos Carome
Cada cierto tiempo, podemos encontrar en los medios diferentes listas con los empleos o carreras que tienen mayor futuro o perspectivas de éxito. Desconocemos si esto se hace por mero impulso informativo o también con vocación orientadora para nuestra juventud desvalida ante el mundo que les ofrecemos.

Hablan de los estudios de empresariales, la informática, ingeniería... basura. Ninguno de esas es la elección correcta.

Si de verdad quieres tener futuro y vivir bien en este país, hay una serie de carreras profesionales que son claramente las que ahora lo están petando:


  1. Político. Si te quedas en un perfil bajo, tendrás tu influencia en la gente de tu entorno, algún regalito despistado, acceso a fondos públicos que asignar con criterio sospechoso.... En la élite, serás el culo del que todos querrán ser cojín.
  2. Sindicalista. Mucho más honrado que el anterior y digno, en su concepción. Si te conformas con poco, como mínimo tendrás asegurado el puesto de trabajo hasta que no quede nadie más en la empresa que no sea sindicalista y con más antigüedad que tú. Si eres ambicioso, nunca te faltarán los langostinos en Navidad.
  3. Tesorero. Puedes empezar por una pequeña asociación, para después aspirar a un partido político. Serás el rey, siempre y cuando no delaten los tuyos, claro está.
  4. Concursante de un reality. Ahora hay tanta variedad que raro será que no seas lo suficientemente bueno para entrar en uno de ellos. Si no sabes cocinar ni cantar, está el pozo de los hermanos grandes y las juergas playeras... algo caerá. Y después, a montar el Bar.
  5. El braguetazo. Es un clásico, pero como cada vez hay más herederos descerebrados, también son mayores los objetivos potenciales. Hay que tener mucho más estómago que dignidad.
  6. Presidente de la SGAE. Parece difícil llegar, pero por lo visto desde hace algún tiempo hay bastante rotación. Se conocen muchos famosos y te invitan en muchos sitios. Además, con lo fácil que es grabar ahora un disco, no te será difícil cumplir ese requisito.
  7. Entrenador de fútbol. Después de los que vienen a continuación en esta lista, nunca he visto una profesión en la que un despido suponga tanta pasta como en ésta. La rotación también asegura que tu culo tendrá un banquillo en algún lugar.
  8. Miembro del consejo de administración de un banco o caja. El camino es confuso, pero si ya has sido algo de los anteriores, tienes bastantes probabilidades de entrar en uno de tantos, con las derivaciones en las docenas de empresas participadas.
  9. Tertuliano televisivo y/o radiofónico. Cualquier trabajo de los anteriores también da méritos y caché en éste. Si te lo montas bien puedes conseguir hasta columnas en periódicos y espacios propios, pasarte al cine, o publicar un disco. Profesional poliédrico que llaman ahora. Y si no, a presentar en la TVE1.
  10. Portero de discoteca. Hay mucha gente que renunciaría al dinero por la sensación de poder que da ser el puto gorila de la puerta. Supongo que luego incluso te dejan entrar cuando están cerrando y beberte los culos de las copas que ha dejado la gente.
Así que dejemos de engañar a nuestra juventud y no les incitemos a derrochar los mejores años de su vida en estudios inútiles que les generarán una frustración desmedida cuando acaben trabajando por el raquítico SMI y compartiendo piso hasta los 40 años con sus compañeros de botellón.



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